La ruta de los Omeyas

Los primeros meses en Cádiz no han dado para mucho congreso. Pero en cuanto ha llegado el verano, ha comenzado la temporada, aprovechando que dos de los que más me interesaban se celebraban en España: la conferencia internacional de LAMS (precisamente en Cádiz) y el ICALT (en Santander).

Uno ha hecho casi de todo en las conferencias y sus viajes, como ya he relatado en las crónicas. Pero cuando la conferencia se celebra en Cádiz, siempre hay algo nuevo por hacer. La fecha y hora de la cena de gala de la conferencia coincidían con la semifinal de la EURO 2008, Rusia-España, y el restaurante no tenía TV. Todo sea por el fútbol. Me llevé la tele al salón del restaurante El Español. Gracias a que vivo a dos pasos de la conferencia y a que las teles de hoy son planas, la labor no tuvo demasiada complicación. Sólo hubo que comprar algunos metros de cable coaxial y hacer de antenista un rato. Lo malo fue que no pudimos poner la clásica muñeca vestida de gitana encima de la tele, ni siquiera agarrada de las uñas.

Cuando acabó la conferencia salí para Cantabria. Agarré el coche e hice la ruta del Omeya Ibn Muza, con parada y fonda en Medina Mayrit, pero sin cortar cabezas de cristianos.

En Cantabria me alegró ver muchos viejos amigos a los que no veía desde hacía 4 meses. ¿Qué pasa, que no se puede echar de menos a la gente en ese tiempo? Bueno, a algunos ya les había visto antes :-/

Tengo que destacar la cena de gala del congreso. A falta de tele y partido de España (la eurocopa ya había acabado), el rape y el solomillo que nos sirvieron en el Gran Casino del Sardinero jugaron bien su papel. A la hora de los cafés, algo me llamó la atención. Las bolsitas de azúcar Dromedario venían con un mensaje individualizado relativo a los juegos olímpicos próximos a comenzar. En la bolsita que me tocó a mí rezaba esta historia:

ESPAÑOLES PIONEROS EN LOS JUEGOS
Los españoles no participaron en los Juegos de Atenas de 1896 (primeros de la era moderna).
En París de 1900 se tiene constancia de 17 deportistas españoles, aunque la desorganización de estos Juegos fue total y existen dudas sobre los datos oficiales. Villota y Amézola consiguieron el primer puesto en pelota vasca, en la especialidad de cesta punta, mientras que Pedro Pidal, Marqués de Villaviciosa, fue segundo en tiro de pichón.

La reseña no tiene desperdicio. Muy ilustrativa del papel de los españoles en los primeros juegos. ¡Hay que ver, el mal que ha hecho la wikipedia entre los jóvenes cronistas de nuestros días! No sé si la reseña resulta graciosa, pero yo me reí un buen rato tras su lectura.

Tras acabar la cena intentamos buscar algún sitio abierto donde acabar la noche española y dignamente. Pero resultó más difícil de lo que parecía. Sólo estaba abierto un bar de aspecto sospechoso y una media de edad tal que Manolo el del Bombo resultaría un chaval. Con decir que los paisanos que merodeaban el local bailaban pasodobles en una esquina, lo digo todo.

Durante los días de estancia en Santander comenzaron las rebajas, así que me dirigí al centro a achantar la crisis. Los últimos meses pasados en Andalucía me han convencido falsamente de que el tiempo atmosférico veraniego no tiene apenas variabilidad, así que tuve que comprarme un jersey, un pijama y un paraguas. Justo lo que a uno no tiene que olvidársele cuando viaja al norte. Pues a mí no sólo se me olvidó eso, sino que además iba en chanclas. Así que también tuve que comprarme unos zapatos. Incauto de mí…

Ahora estoy de vuelta a Cádiz, rehaciendo la ruta iniciada por Don Pelayo y acabada por Alfonso X El Sabio. Tras la reconquista total, los españoles iniciamos la época de los descubrimientos y el salto a Iberoamérica. En México os espero 😉

Madrid – Cádiz

El pasado 17 de febrero volví a Cádiz, después de 20 años en Madrid. Esto no es realmente una estancia investigadora ni supone evento turístico-científico alguno, sino una vuelta a casa en toda regla, con sede en la Universidad de Cádiz, que ha acogido al hijo pródigo. Pero aunque este viaje no tenga visos ni fecha de retorno, como parte de la actividad desarrollada en este largo viaje será investigadora, y como el día a día y la particularidad de sus gentes espero que merezcan la pena relatar, reanudaré las crónicas del tulipán contando diversos avatares que acontezcan en mi lugar natal y su entorno.

He estado tentado de rebautizar las crónicas, pero le tengo cariño al tulipán. Así que bastará con pintarlo de azul y amarillo y suprimir la coletilla del subtítulo.

Con esto empiezo el relato de mis primeros días en Cádiz, que comienzan con un notable temporal de viento de levante tal cual entraba a la ciudad. Resulta que la alcaldesa se ha dedicado últimamente a engalanar la avenida con unos postes forrados de tela anunciando el próximo bicentenario de la constitución de 1812. Os preguntaréis ¿a qué avenida se refiere éste? Pues a la avenida, ¿cuál va a ser? Antes del soterramiento de la vía del tren en Cádiz, ésta era atravesada por una única avenida y sus calles adyacentes, hasta llegar al casco histórico, de calles estrechas y arrejuntadas donde llamar a alguna avenida sería una exageración digna de un gaditano 😉 Pues bien, no hacía falta decir qué avenida, aunque el ayuntamiento le pusiera distintos nombres según el tramo. Pero desde que en Cádiz tenemos metro (bueno, más bien centímetro), su lugar en superficie lo ocupa la avenida nueva. Así que tenemos la avenida y la avenida nueva. Podríamos haberlas llamado avenida 1 y avenida 2, pero así empezó Nueva York, y fíjate tú dónde ha llegao. No me quiero ni imaginar dónde habrían cabido en Cádiz las torres gemelas.

Volviendo a los postes de la alcaldesa y al temporal de levante, mi primera visión al entrar fue la utilidad dada por un gaditano de mediana edad para dichos postes: esconderse detrás para encender el cigarro. Desde el coche no fui capaz de distinguir si tuvo éxito en el intento, o si llegó a incendiar la tela del poste, pero ahí anduvo según el peligroso bamboleo de la tela estampada de logotipos municipales. Acabo de caer en la cuenta de que no estoy empadronado en Cádiz desde que la querida alcaldesa ejerce de tal, así que a partir de ahora me tendré que fijar mejor por qué la gente la aprecia aquí tanto, siendo el gaditano medio tan rojete y la alcaldesa tan… rubita? A ver si me sorprende. Bueno, algo sí que me sorprende: ¿cómo puñetas va tan bien peinada siempre con el viento que hace aquí?

El lunes comencé a ir por la Escuela. Aunque todavía no he empezado las clases, ando liado con papeleos y solicitudes de proyectos de investigación. Eso a lo que los profes universitarios dedicamos el 80% de nuestro tiempo, y que tan difícil nos resulta explicar a nuestras tías y abuelas cuando nos preguntan: “Pero…¿8 horas de clase?¿a la semana?¿sólo trabajas 8 horas a la semana?” Yo ya me he dado por vencido, y cuando me lo preguntan simplemente respondo: “Sí, ¡qué pasa!” Pa chulo yo, que vengo de Madrid. No es (en general) cierto, pero me costaría el 20% restante explicarlo. Os reproduzco algunas fotillos que tomo en el coche de camino a la Escuela.

Lo que veo a mi zurda al ir y a mi diestra al volver es el Atlántico a través de la playa de Cádiz y sus diversos nombres. La primera foto de arriba es un trozo del Campo del Sur, con la catedral al fondo. La segunda fue un día de viento, con las gaviotas revolucionadas cual Hitchcock de la Bahía. Una vez llego a la Escuela, no tengo plaza de aparcamiento (bueno, ni en la escuela ni en Cádiz en general; si hay alguien que haya visto una plaza libre en Cádiz alguna vez, que me avise 😉 Pero a cambio mirad en las fotos de abajo (pretendía ser una panorámica de dos fotos :P, pero me he comido un cacho del coche de enmedio) lo que se ve desde el parking que uso en una explanada junto al castillo de Santa Catalina.

Pero si hay algo en lo que noto la diferencia en estos días entre Madrid y Cádiz, es en ese lugar común insalvable para cualquier funcionario que se precie de serlo: ¡los desayunos! Y no por el tiempo invertido, que es algo más o menos estándar en toda la España funcionarial, sino por el sitio. No es lo mismo desayunar en la cafetería del edificio Savatini en Leganés, que eran unos antiguos cuarteles del ejército, que hacerlo en la plaza de San Francisco, en la terraza y con el solecito que se aprecia en la foto de abajo.

La figura humana que se afana en hincarle el diente a la tostada es un amigo mío que trabaja a 5′ andando y, gracias a movistar, puedo desayunar con él sin tener que planificar mucho cuándo, dónde y cómo quedamos. Aquí, al contrario que en los Países Bajos con que empezaron las crónicas, sencillamente, no se planifica. Punto pelota. Es uno de los secretos andaluces de la vida sana.

Hablando de desayunos y de vida sana, hoy he visto algo que me ha dejado sorprendido. Seguro que habéis visto alguna vez al típico camarero que medio se oculta detrás de la barra y se auto-sirve media caña de cerveza para aguantar el tirón. Pues bien, hoy he visto a uno hacer lo mismo… ¡con medio vaso de zumo de naranja! Dudo que esto sea típico de Cádiz, especialmente teniendo tan recientes los carnavales 😉 así que me ha sorprendido más que la peluca de la Teo.

El martes me acerqué por las cercanías de mi futuro lugar de trabajo, pues en 2010 aproximadamente nos trasladan a un edificio nuevo que están construyendo para la Escuela e Ingeniería, situado en el Campus del Río San Pedro, junto al parque natural de la bahía de Cádiz. Hoy he hecho esta foto con el móvil desde el coche. No ha salido muy bien por tal de no llevarme por delante a un señor con caña de pescar que caminaba por el borde de la carretera. Lo que se ve al fondo es el parque natural de la bahía de Cádiz. Cuando nos trasladen al Campus del Río San Pedro podré hacer uso del carril bici que se ve (para los veteranos de las crónicas del tulipán, podré hacer senderismo en bicicleta)

Con esto me despido por esta semana,
primera de mi nueva vida gaditana 🙂

Los peligros de las escuelas Java

Ahora que estamos en plena época de cambio de planes de estudio en Informática, aprovecho para ofreceros esta traducción libre del artículo de Joel Spolsky The Perils of JavaSchools. Aunque no estoy de acuerdo con todo lo que dice, nos hace pensar en si estamos haciéndolo bien. Nuevas formas para una disquisición de toda la vida…

Los peligros de las escuelas Java

Perezosos. ¿Qué fue del trabajo duro? Un claro signo de mi descenso hacia la senectud son las quejas y protestas sobre “la juventud de hoy” y de cómo ya no saben hacer ni harán cosas difíciles.

Cuando era joven, aprendí a programar en tarjetas perforadas. Si cometías un error, no disponías de esas modernidades como la tecla de retroceso para arreglarlo. Tenías que tirar la tarjeta y empezar de nuevo.

Cuando empecé a hacer entrevistas a programadores en 1991, solía dejarles usar cualquier lenguaje que les ayudara a resolver los problemas de codificación que les proponía. El 99% de las veces elegían C. Hoy en día, tienden a elegir Java.

Ahora bien, no me malinterpreten: no hay nada malo en Java como lenguaje de implementación. Un momento, quiero cambiar la frase anterior. No estoy intentando decir en este artículo que no hay nada malo en Java como lenguaje de implementación. Hay muchas cosas malas en Java, pero tendrán que esperar a otro artículo.

Lo que quiero decir es que Java no es, en general, un lenguaje de programación suficientemente duro como para poder discriminar entre grandes programadores y programadores mediocres. Puede ser un buen lenguaje para trabajar, pero ése no es el asunto de hoy. Iría incluso tan lejos como para decir que el hecho de que Java no sea suficientemente duro es una característica, no un fallo, pero que tiene ese problema.

Si pudiera resultar arrogante, desde mi humilde experiencia hay dos cosas que se enseñan tradicionalmente en las universidades como parte de los planes de estudio en informática y que mucha gente nunca llega a comprender del todo: los punteros y la recursividad.

La carrera [de informática] solía comenzar con alguna asignatura de estructuras de datos, con listas enlazadas y tablas de dispersión y uso intensivo de punteros. Tales asignaturas solían servir como filtros: eran tan difíciles que quien no pudiera soportar el desafío mental de los estudios de grado en informática abandonaría, lo cual era algo positivo, porque si crees que los punteros son difíciles, espérate a intentar demostrar algo sobre la teoría de coma fija.

Todos los chavales que resultaran brillantes en enseñanza secundaria escribiendo juegos de pong en BASIC para su Apple II, que acabaran en la universidad matriculados en CompSci 101, un curso de estructuras de datos, y que al llegar al tema de los punteros sus cerebros explotasen, se especializarían en Ciencias Políticas porque las escuelas de ciencias sociales les parecerían mejor idea. He visto todo tipo de cifras de abandono en informática y suelen estar entre el 40% y el 70%. Las universidades tienden a ver esto como un derroche; Creo que sólo es un sacrificio necesario de aquéllos que no van a ser felices o tener éxito en carreras relativas a la programación.

La otra asignatura difícil para muchos estudiantes de informática es aquélla donde aprenden programación funcional, incluyendo la programación recursiva. El MIT puso el nivel muy alto para dichos cursos, creando una asignatura obligatoria (6.001) y un libro de texto (Structure and Interpretation of Computer Programs de Abelson y Sussman) que se usó en docenas e incluso cientos de escuelas de informática como una introducción de facto a la ciencia de la computación. (Vd. puede, y debería, echar un vistazo a una antigua versión online de las clases)

La dificultad de dichos cursos es sorprendente. En la primera clase se aprende bastante de Scheme, y de inmediato se pasa a una función de coma fija que recibe otra función como su entrada. Cuando me peleé con dicha asignatura, CSE121 en Penn [State University], observé cómo muchos, si no la mayoría, de los estudiantes simplemente no lo consiguieron. El material era demasiado difícil. Escribí un largo y quejicoso mensaje al profesor diciendo que No Era Justo. Alguien de Penn debió escucharme (a mí o a alguno de los demás quejicas), porque ahora dicha asignatura se enseña en Java.

Me gustaría que no me hubieran escuchado.

Aquí está el debate. Años de quejas de estudiantes perezosos de informática como yo, unido a las quejas de la industria sobre los pocos especialistas en informática que se gradúan en las universidades americanas, han hecho palanca, y en la última década un gran número de otrora perfectamente buenas escuelas han cambiado 100% a Java. Es macanudo: a los reclutadores que usan “grep” para evaluar curricula vitae parece que les gusta y, lo mejor de todo, no hay nada suficientemente difícil en Java para filtrar a los programadores que no poseen la parte del cerebro que procesa los punteros y la recursividad, así que las tasas de abandono son más bajas, y los departamentos de informática tienen más estudiantes y presupuestos mayores, y todo es estupendo.

Los afortunados chicos de las escuelas Java nunca van a obtener extraños fallos de segmentación al intentar implementar tablas de dispersión con punteros. Nunca van a alcanzar desolados y delirantes enfados intentando empaquetar las cosas en bits. Nunca tendrán que hacer que su cabeza se las arregle con el hecho de que, en un programa funcional puro, el valor de una variable nunca cambia y, a la vez, todo el tiempo está cambiando. ¡Una paradoja!

No necesitan esa parte del cerebro para especializarse en una 4.0

¿Soy uno de esos viejos cascarrabias, como los Cuatro Yorkshiremen [de la parodia de los Monty Python], jactándose de lo duro que fui para sobrevivir a tanta dureza?

Jo…, en 1900 el latín y el griego eran materias obligatorias en la universidad, no porque sirvieran para algo, sino porque eran consideradas algo así como un requisito obvio para la gente educada. En cierto sentido, mi argumento no difiere mucho del de los defensores del latín (los cuatro de antes). “[El latín] entrena tu mente. Entrena tu memoria. Desembrollar una frase en latín es un ejercicio excelente de pensamiento, un rompecabezas intelectual, y una buena introducción al pensamiento lógico”, escribía Scott Barker. Sin embargo no puedo encontrar una sola universidad que exija ya latín. ¿Son los punteros y la recursividad el latín y el griego de la ciencia informática?

Ahora bien, admito libremente que la programación con punteros no es necesaria en el 90% del código escrito hoy día y, de hecho, es verdaderamente peligrosa en el código en producción. Ok. Está bien. Y la programación funcional no se usa mucho en la práctica. De acuerdo.

Pero todavía es importante para algunos de los trabajos de programación más apasionantes. Sin punteros, por ejemplo, no se podría trabajar con el núcleo de Linux. No se puede comprender una sola línea del código de Linux o, de hecho, de ningún sistema operativo, sin comprender de verdad los punteros.

Sin comprender la programación funcional, no se habría podido inventar MapReduce, el algoritmo que hace a Google tan masivamente escalable. Los términos Map y Reduce vienen de Lisp y la programación funcional. MapReduce es, en retrospectiva, obvio para cualquiera que recuerde de la clase de programación equivalente a la 6.001 [del MIT] que los programas funcionales puros no tienen efectos colaterales y son por tanto fácilmente paralelizables. El mismo hecho de que Google inventara MapReduce y Microsoft no lo hiciera dice algo sobre por qué Microsoft está aún intentando hacer funcionar características básicas, mientras que Google se ha movido al siguiente problema: construir Skynet, el supercomputador masivamente paralelo más grande del mundo. No creo que Microsoft comprenda por completo cuánto de lejos están en la onda.

Pero más allá de la importancia a primera vista de los punteros y la recursividad, su valor real es que para la construcción de grandes sistemas hace falta esa clase de agilidad mental que se obtiene aprendiéndolos, así como la aptitud mental que se necesita para esquivar el filtro que suponen las asignaturas en que se enseñan. Los punteros y la recursividad exigen una cierta capacidad para razonar, pensar en forma de abstracciones y, lo que es más importante, contemplar un problema desde varios niveles de abstracción simultáneamente. Por eso, la capacidad para comprender los punteros y la recursividad está directamente correlada con la capacidad para ser un gran programador.

No hay nada en una titulación con todo en Java que filtre a los estudiantes que carecen de la agilidad mental para tratar con estos conceptos. Como empresario, he comprobado cómo el 100% de las escuelas Java han comenzado a producir como churros numerosos graduados en informática que, sencillamente, no son suficientemente despiertos como para trabajar de programadores en algo más sofisticado que Otra Aplicación Más de Contabilidad en Java, a pesar de que consiguieron pasar por los pelos del recién cursado trabajo de atontamiento. Estos estudiantes nunca sobrevivirían a un curso 6.001 del MIT o de un CS 323 de Yale y, francamente, ésa es una de las razones por las que, como empresario, un graduado en informática del MIT o de Yale tiene más peso que uno de Duke, que migró recientemente a Todo-en-Java, o de la Universidad de Pennsylvania, que sustituyó Scheme y ML por Java en un intento de enseñar lo que casi me mata a mí y a mis amigos, CSE121. No es que no quiera contratar a chicos brillantes de Duke y Penn –lo hago– sino que es mucho más difícil para mí averiguar quiénes son. Solía ser capaz de distinguir a los chicos brillantes porque podían destripar un algoritmo recursivo en segundos, o implementar funciones de manipulación de listas enlazadas con punteros tan rápidamente como podían escribir en la pizarra. Pero con el grado de las Escuelas Java, no puedo decir si pasan apuros con estos problemas porque les falta formación o si pasan apuros porque no poseen la parte especial del cerebro que van a necesitar para hacer un buen trabajo de programación. Pal Graham los llama Blub Programmers.

Es bastante malo que las Escuelas Java no filtren a aquéllos que nunca van a ser buenos programadores, algo que las escuelas podrían afirmar de forma justificada que no es su problema. La industria, o, al menos, los contratantes-que-usan-grep seguramente claman por que se enseñe Java.

Pero las Escuelas Java también fallan en entrenar a los cerebros para ser suficienmentente diestros, ágiles y flexibles como para realizar buenos diseños de software (y no estoy queriendo decir “diseño” OO, donde puedes pasar innumerables horas reescribiendo el código para ajustar tu jerarquía de objetos, o preocupándote de falsos “problemas” como tiene-un vs. es-un). Hay que entrenarse pensando en cosas con múltiples niveles de abstracción a la vez, y ese tipo de pensamientos es exactamente lo que hace falta para diseñar buenas arquitecturas de software.

Puedes preguntarte si la enseñanza de la programación orientada a objetos (POO) es un buen filtro sustitutivo de los punteros y la recursividad. La respuesta rápida es: no. Sin debatir sobre los méritos de la POO, no es suficientemente difícil como para filtrar a los programadores mediocres. La POO en las escuelas consiste más en la memorización de un manojo de términos como “encapsulación” y “herencia” y hacer exámenes de opción múltiple sobre la diferencia entre polimorfismo y sobrecarga. No mucho más difícil que memorizar fechas y nombres famosos en una clase de historia, la POO plantea desafíos mentales no adecuados para ahuyentar a los estudiantes de primer año. Cuando te enfrentas a un problema de POO, tus programas funcionan, sólo que son algo difíciles de mantener. Presuntamente. Pero cuando te enfrentas a los punteros, tus programas generan Fallos de Segmentación y no tienes ni idea de qué está pasando hasta que te paras, respiras, e intentas esforzar tu mente para trabajar a dos niveles de abstracción diferentes a la vez.

Por cierto, los contratadores-que-usan-grep hacen el ridículo aquí por una buena razón. Nunca he conocido a nadie que pueda escribir Scheme, Haskell y punteros en C que no pueda pillar Java en dos días, y crear código Java mejor que gente con cinco años de experiencia en Java. Pero intenta explicarle esto a la media de los parásitos de Recursos Humanos.

Aún hay más. La informática tiene que ver con pruebas (recursividad), algoritmos (recursividad), lenguajes (cálculo lambda), sistemas operativos (punteros), compiladores (cálculo lambda) — y en resumidas cuentas una escuela Java que no enseñe C y no enseñe Scheme no está enseñando realmente informática en ningún caso. Tan inútil para el mundo real es curtirse en el concepto de función como obvio es que es un prerrequisito de una escuela de grado en informática. No comprendo por qué los catedráticos en los comités curriculares de las escuelas de grado en informática han dejado que sus planes de estudio se entontezcan hasta el punto en que no sólo no producen programadores que funcionen, sino que ni siquiera pueden producir estudiantes de grado que puedan obtener un doctorado y competir por un puesto de trabajo. Un momento. No importa. Creo que lo comprendo.

De hecho, mirando hacia atrás e investigando la discusión académica que tuvo lugar durante el Gran Cambio a Java, uno se da cuenta que la preocupación mayor era si Java era suficientemente sencillo como para usarlo como lenguaje para la enseñanza.

Dios mío, pienso, ¡están intentando atontar el curriculum aún más! ¿Por qué no dar a cucharadas todo a los estudiantes? Dejemos también que los TA hagan los exámenes en lugar de ellos, así nadie se cambiará a unos Estudios Americanos. ¿Cómo se supone que nadie pueda aprender algo si el curriculum ha sido diseñado cuidadosamente para hacer todo más fácil de lo que ya es? Parece existir un comité especial (PDF) dedicado a averiguar un sencillo subconjunto de Java que pueda enseñarse a los estudiantes, generando documentación simplificada que esconda con cuidado toda esa basura de EJB/J2EE fuera del alcance de sus tiernas mentes, de forma que no tengan que preocupar a sus pequeñas cabezas con clases que no necesitan para resolver los problemas más simples de informática.

La interpretación más comprensiva de por qué los departamentos de informática son tan entusiastas con atontar las clases es que les deja más tiempo para enseñar conceptos reales de informática si no tienen que gastar dos clases enteras en aclarar a los estudiantes la diferencia entre, digamos, un int y un Integer en Java. Bien, si es ése el caso, 6.001 tiene la respuesta perfecta: Scheme, un lenguaje para la enseñanza, tan simple que todo el lenguaje puede enseñarse y despejar a los estudiantes en cerca de diez minutos; entonces se puede dedicar el resto del semestre al punto fijo.

Bah, vuelvo a los unos y los ceros

Festival de Edimburgo

Después de un año casi sin viajar por mor de la Ciencia, retomo este blog con motivo de mi reciente viaje a un congreso en Edimburgo, coincidiendo con el fringe. De veras que no lo hice a propósito, que fue casualidad coincidir con el festival :-P. Es más, el alojamiento del día extra que me quedé para abaratar el billete de avión, casi me cuesta más que el propio billete. Pero vamos, la experiencia mereció la pena.

Como las crónicas del congreso son muy aburridas, centraré mi historia en lo sucedido en los alrededores del evento. Lo primero que hay que visitar en Edimburgo durante los días del festival es la Royal Mile, que es como si cogieran una calle medieval, la alargaran, la inclinaran, y la llenaran de todos los colgaos que inundan las calles de Cádiz durante el carnaval, cada uno haciendo su performance más o menos cómica. Muy bonito. Lástima la lluvia, aunque en general nos hizo muy buen tiempo, para ser Escocia. La milla real termina en el castillo, desde donde las vistas de la ciudad son impresionantes. Poco tiene que envidiar esta ciudad de muchas españolas, con todos mis respetos y admiración por Granada y Cáceres especialmente. Al la entrada del castillo tienen un monumento al verdadero Braveheart, que parece tener la cara más dura que el de Mel Gibson. Bueno, la cara y el resto, porque es de piedra.

Al día siguiente visité Calton Hill (que es lo que se ve al fondo en esta vista desde el castillo), otra colina donde tienen un monumento a Nelson con pinta de faro. Cobraban 6 pounds, así que no subí a visitar el fichoso farito. Ya nos robó bastante el almirante ;-P No sé si el fantasma de Nelson me leyó el pensamiento, pero el caso es que se puso a diluviar, como invitándonos a visitar su monumento. Ni cortos ni perezosos, no caímos en la tentación y reanudamos el periplo escocés abandonando el lugar.

Esa misma tarde visitamos la Roslin Chapel, que se ha hecho famosa por el libro de Dan Brown y el supuesto tesoro que oculta. Es muy pequeña, pero coqueta. Muy amenas las variadas historias de la guía, entre ellas la de la columna del aprendiz. También interesantes unos arcos adornados con figuras en forma de mazorcas de maíz (aunque yo diría que más bien son pimientos asados), cuando la capilla data de varios lustros anteriores al descubrimiento de América. Muy interesante para quienes gusten de leer sobre templarios, códigos da vinci y cosas por el estilo. Yo prefiero los pilares de la tierra, que es más terrenal y con menos ocultismo.

Al acabar el congreso fuimos en autobús a ver la isla de Cramond, que queda unida a la costa mediante un camino que se inunda con las mareas. Desafortunadamente, la marea estaba llena (i.e. alta, para los no gaditanos), por lo que no pudimos cruzar. Hacía un tiempo magnífico, así que cualquiera diría que la playita que quedaba al lado era del Caribe y no del Mar del Norte.

Eldía adicional que me quedé, una vez terminado el congreso, me apunté a un viaje organizado al Loch Ness. En principio venían a recogerme al sitio donde me hospedaba, pero perdí el bus por una confusión respecto al lugar exacto de recogida. Según parece la puerta del hotel no es la de la repección, sino la esquina más próxima. No sé, no sé… sólo habíamos dos apuntados a la excursión. Y la excursión donde me reubicaron, al Loch Lomond, estaba completita. Al final no me arrepentí, pues coincidí con el viaje con otros viajeron muy majos. Coincidía con un belga muy majo en todos los sitios donde paraba el autobús, y charlábamos tomando una cerveza o el lunch. Siempre nos preguntábamos: ¿a qué hora sale tu autobús? ¡qué casualidad! la misma que yo… Sí, resulta que ambos viajábamos en el mismo autobús, y no nos dimos cuenta hata la última parada :-S Un grupo de estudiantes españolas de idiomas, con sus historias de las “espais girls” (spanish girls), hicieron el viaje la mar de divertido. Y la mar de lluvioso, porque no paró en todo el día. Vamos, que intenté hacerle una foto al edificio del colegio de Harry Potter y parece que la sacó el capitán Cousteau.

Lástima que terminó…

Hola,

He tenido un poco abandonadas las crónicas últimamente, pero entre los agobios del final de la estancia aquí y un congreso que tuve la semana pasada en Kerkrade, poco he podido dedicarle. Como todo tiene su fin, las crónicas también, así que me he puesto a escribir el último mensaje.

En las semanas precedentes estuve en el drielandenpunt, un lugar cerca de Vaals (Holanda) donde se unen tres países: Holanda, Bélgica y Alemania. Tienen allí una torre a la que te puedes subir y que, si miras para el norte, ves Holanda. Si miras para el sur, ves las copas de los árboles; y si miras para el este, ves más árboles. Y Holanda se ve porque por algo la llaman los países bajos, que si no ni por esas. Tienen también un trozo de terreno donde, si eres suficientemente flexible, puedes tocar con un pie un país, con otro pie otro, y con la mano un tercero; y así estás a la vez en tres países. Yo no sólo no fui lo suficientemente flexible, sino ni siquiera lo suficientemente despierto, porque no encontré el dichoso punto ese 😦

También nos han eliminado del mundial 😦 Vi el segundo tiempo del partido España-Francia en un coffee-shop, con la esperanza de que, si nos eliminaban, al menos la sonrisa nadie me la quitaba de la boca al salir. Pero ni por esas. Fue muy triste ver a un grupo de franceses cantando la marsellesa a costa de la selección una vez más. Y eso que hasta un amigo francés de aquí, de padre costamarfileño y madre francesa, animaba a España y todo. Desde que eliminaron a Costa de Marfil se puso de nuestro lado. Bueno, él siempre dice que le gusta estar al lado del más débil. Al menos en algo se nota que es francés 😉 Me dio pena hasta cuando eliminaron a Inglaterra, pues uno de mis supervisores aquí, que es inglés (y muy buen tío, por cierto), fue el primero en compadecerme por la derrota y en reconocer que no nos merecimos ser eliminados. Bueno, no todo está perdido: en Sudáfrica 2010 ganaremos el mundial. Y el Cádiz la liga de campeones. Si cuando me pongo optimista…

El 24 de junio, invité a unos amigos de aquí a tomar unas tapas. Me regalaron una camiseta de la selección Oranje. Al día siguiente les eliminaron. Digo yo que podrían haberme regalado una de Francia, ¿no? La verdad, fue todo un detalle y les tengo mucho “schatje”. Les echaré de menos.

Han sido tres meses estupendos, no sólo de trabajo, sino también divertidos y, a veces, entrañables. Los holandeses de Limburg son una gente muy afable, y todos se han portado estupendamente. Por ello he hecho caso del lema del mundial, “a time to make friends”. Desde aquí os animo a que, los que no lo hayáis hecho, salgáis a conocer gentes y costumbres de esos mundos de Dios.

El próximo lunes vuelvo a Madrid. Éste es mi último mensaje de las crónicas. Perdonad si me ha salido un poco triste, pero echaré de menos este país, cuando vea una camiseta naranja, cuando me pongan por delante un plato de croquetas pescanova, cuando a España la eliminen de nuevo en octavos, cuando alguien estornude y suene a “schatje”, cuando alguien me invite a un café sin planificarlo y, por supuesto, cuando vea un tulipán…

Un abrazo y a cuidarse!

Me gusta el fútbol

Hola a todos,

La semana pasada no pude escribir crónicas porque anduve un poco liado. Aunque esta semana estoy en las mismas, los acontecimientos recientes no pueden hacerse esperar y exigen unas crónicas inmediatas, así que a ello voy.

El fin de semana pasado estuve de viaje relámpago en Madrid, para una boda. Al volver el lunes por la mañana, recogí el coche en el parking de Schiphol y me dirigí a toda pastilla a Stuttgart, ¡a ver el partido de la selección contra Túnez! La historia de cómo conseguí la preciada entrada es larga, así que voy al grano. Acudir al partido me suponía 600 km en coche desde Amsterdam a Stuttgart, salir del estadio al terminar, y volver 400 y pico km hasta Maastricht. Fue un poco paliza, sobre todo porque llegué hacia las 5 de la mañana, pero la experiencia mereció la pena.

Todo fue dejar el coche en el aparcamiento, y cruzarme con Manolo el del bombo, el auténtico, camino del estadio. La gente le paraba para hacerse fotos, no le dejaba avanzar. El pobre tenía una cara de “aguanta, Manolo, aguanta… que ya queda menos pa la jubilación…” que daba pena. Unos metros más adelante, ya cerca del estadio, oigo a alguien que grita: “¡Emilio Butragueño! ¡Don Emilio Butragueño!”, mientras una multitud se iba aglutinando cámara en mano hacia un arriesgado Emilio Butragueño que estaba apostado junto a una entrada al estadio, congeniando con la afición y con unas cámaras de TV apagadas al lado. Todo un señor, aguantando el tipo. Una lástima que sea del Madrid.

Pero lo mejor fue ver todos los tópicos de España concentrados en un carnaval de personajes y disfraces alrededor y dentro del estadio. De una furgoneta bajo el lema de “Cantabria con la Selección” se bajaba un grupo de octogenarios vestidos de traje de luces como si de San Isidro se tratara. Era como ver a la cuadrilla del bombero-torero, pero la original, la fundada en 1928, ya algo creciditos. Y muchos más grupos vestidos de flamenca, de todos los personajes de una corrida, y de cualquier cosa roja y gualda con equilibrio suficiente para aguantar en la cabeza durante 90 minutos.

Tenían acotados los alrededores del estadio en un recinto con bares y bebidas, donde se citaban las múltiples charangas y grupos de coros y danzas regionales. Había representación de todas y cada una de las regiones españolas. Catalanes con la camiseta del Barça pero animando a España (estos son los que se tomaron vacaciones el día del Estatut). Valencianos un poco cocidos armando bulla a falta de tracas, etc. Un grupo de Benicarló rodeaba a dos ‘chinojaponeses’ que coreaban canciones de Manolo Escobar y Paquito el chocolatero, entre otras delicatesen musicales por el estilo. Más adelante, un grupo de no sé dónde coreaba el desagradable grito de batalla que ha elegido la afición española para este mundial: “¡A por ellos, oooé..!”, mientras se cruza con ellos un personaje bajito y panzón con la bufanda del Cádiz alrededor del cuello, tras lo cual el grito se transforma en el consabido “¡Ese Cádiz, oé!”. Cuando ya están todos relajados, después de tan deliciosos momentos corales, se cruzan un par de alemanas de buen ver camino de la grada, y el de la bufanda vuelve a la carga con un “¡A por ellas, oooé!”. Pura poesía.

Intentando alejarme de la pasión desatada, me acerco a tomar una cerveza y un bradwurst y me coloco cerca de la valla del recinto. En esto se acerca un tío grande con cuatro vasos de cervezas de a litro entre sus manos, camino de la valla, y las deja en el suelo a mi lado. Como sólo vendían bebidas dentro del recinto, había entrado a por ellas y ahora buscaba su entrada para que le dejaran salir (sí, sí, pedían entrada tanto para entrar como para salir. No sé por qué las llaman ‘entradas’, deberían llamarlas entrada/salida —bueno esto es un chiste informático así que corred un tupido velo). Al ver al tío de las cervezas, me acerco a intentar ayudarle y me dice con un acento vasco de la hos…: “Nada, nada, hombre. Si ya puedo yo con ellas…”. Vasco tenía que ser, para que le quepa tanta cerveza entre las manos. Al agacharse se le cae un billete de 20 euros del bolsillo y le aviso de ello. Al ver que yo era un tío honrao, me da las gracias y me dice sonriendo “bueno, bueno,.. si se cae es porque sobra!” Más que vasco, de Bilbao diría yo. Tras ponerse la entrada entre los dientes, intenta levantar de nuevo las cervezas y tira dos de ellas. No tardó ni 1 minuto en aparecer un chaval de la organización del mundial con un contenedor a la espalda a recoger los vasos y limpiar el suelo :-O

En el partido estuve rodeado de andaluces de Jaén (aceituneros altivos ;), otro del Atleti que no hacía más que meterse con la familia de Torres (acompaño en el sentimiento a la familia atlética teniendo un delantero así), y un asturiano que sólo soltó dos palabras en todo el partido: “sí que era claru”, tras inquirirle por un supuesto penalti a favor de España, y “me cagüen…” cuando Luis Aragonés sustituyó al ‘guaje’ Villa. Bueno, eso y dos cigarros que se fumó, que afortunadamente no eran ‘cigarros de la risa’.

La vuelta fue un poco más espesa, sobre todo por el atasco y las horas que eran. Parado en el coche en la cola de salida del aparcamiento, se para junto a la ventanilla una chica que, al ver la matrícula de mi coche, me pregunta: “¿H as venido desde Madrid pa ver el partido?” Y le respondo que sí, pero que no a propósito para el partido, sino que estoy trabajando en Holanda. “Pero, vienes de Madrid, ¿no?” Le repito que sí, pero que vine hace tiempo, que ahora estoy en Holanda… “Pero, la matrícula es de Madrid, ¿no vienes de Madrid?”. Todo oídos… 😦

Tras salir del atasco, cogí la autopista y de vuelta a casa. No sabéis lo que acojona que a la 1:00 de la mañana, yendo a 120 por la autopista, te adelante un coche a más de 200, como si tú fueras en triciclo. Y digo un coche porque supongo que eso era. No me dio tiempo ni a fijarme en la marca. Como diría Asterix, ¡están locos estos alemanes!

Un saludo y hasta la próxima.

Los preliminares del mundial

Hola a todos,

La semana pasada prometí contaros las peripecias ocurridas en Alemania con mi familia ‘internacional’. Vamos a ello. Antes de nada, comenzaré con un tema recurrente: el de la basura. Si ya en Maastricht tenía delito lo de la recogida semanal en bolsas especiales, lo de Attendorn en Alemania es de juzgado de guardia. Además de tener que pagar cada vecino el alquiler de sus propios contenedores de basura (uno orgánico, uno de papel, uno de latas/brik y otro de cosas no reciclables), éstos son individuales, y el camión de la basura dispone de una camarita por la que el conductor va comprobando si los contenedores al volcarse realmente contienen lo que deben. Y si no, multa al canto.Vamos, que si el pollo ve algo metálico que brilla en el contenedor de papel, ¡multa que te crió!. Así que ni se os ocurra tirar los restos de chorizo con el cordel y la chapa juntos (menos mal que estos alemanes sólo comen cosas acabadas en “wurst” que no llevan ni cordel ni chapa). Y las putenkroketen sobrantes no tiradlas en el orgánico, sino en el de “no reciclables”, que creo yo que van ahí. Al menos a mí me costó reciclarlas 😦

Otro detalle por el que nos diferenciamos los hispánicos de los germánicos se puede apreciar en la ventanilla de los bancos (Esto es anécdota de mi primo, no mía, pero me cede los derechos :-P). Resulta que cuando hacía ingresos en efectivo, el cajero le ponía siempre mala cara después de contar los billetes. Y además los contaba dos veces. Él creía que el cajero desconfiaba de él, y por eso tanta cuenta y tan mala cara. Algún tiempo más tarde se dió cuenta de que lo que el cajero realmente hacía en el primer conteo de billetes era…¡ordenarlos! Sí, sí… todos con la cara vista del euro para adelante, y orientados de izquierda a derecha. Y luego los contaba. Pues resulta que esto tiene que hacerlo el imponente, que si no los cajeros se mosquean.

Y, ¿qué os cuento del hijo de mi primo, ese pequeño teutón con sangre gaditano-siciliana? Me preguntaba un compañero francés qué cómo puede ser posible que de un español y de una italiana salga un alemán. La respuesta es sencilla: todo es posible con un gaditano y una siciliana de por medio 😐
Manuel (que así se llama mi primo segundo) entiende los tres idiomas, pero sólo se expresa en alemán. No le gusta el fútbol (para desgracia de su padre, que se queja amargamente de que a sus cuñados tampoco y así pierde la oportunidad de jugosas discusiones mundialistas: el codazo de Tassotti a Luis Enrique, la pifia de Julio Salinas, etc.). Hice todo lo posible por reorientar a Manuel por el buen camino futbolero y, aprovechando que ahora todo lo que ve en la tele tiene que ver con el Mundial de Alemania, me puse a jugar con él con una pelota de nivea. Tras unos minutos jugando con él en su cuarto, de repente coge la pelota con las manos y dice “pause, pause” y se sienta en una silla. Tras descansar un rato, de nuevo se incorpora al juego con energías renovadas. No sé cuánto tiempo pudo pasar antes de que el niño se sentara, pero para mi que tuvieron que ser 45 minutos, porque estos alemanes son así de rigurosos… El resultado del partido lo podéis adivinar: en cuartos me tuve que volver a casa 😦

Un abrazo,

Juanma.