Bendición y maldición del profesional informático

Desde hace varios años, cada semana recibo no menos de dos peticiones de colegas y antiguos colegas, empresarios conocidos y desconocidos, cazatalentos y cazarecompensas, familiares y amigos, alumnos y ex-alumnos, etc. para que les recomiende un informático, programador, ingeniero de software, técnico o cualquiera que sepa manejar cosas “con teclas” (o pantallas táctiles) para contratarlo.

La disparidad entre la oferta y la demanda de recursos humanos que sepan de informática (esto es, normalmente, que estén estudiando o hayan estudiado un grado universitario en ingeniería informática) es brutal. Lo que es más abrumador, este desajuste viene siendo así desde que tengo uso de razón profesional (con posterioridad a la crisis del 92).

Las leyes de la microeconomía nos dicen que el precio de un bien o recurso escaso no puede sino aumentar, tanto más cuanto más escaso sea el bien. La realidad es que el precio del profesional informático, visto como un bien o recurso escaso, no ha subido todo lo que debería ante la abrumadora demanda. Con un ánimo más especulativo que otra cosa, se me ocurren varias explicaciones, no necesariamente excluyentes:

  • Quienes demandan dichos recursos no son conscientes del valor real de los mismos, medido éste en función del esfuerzo que supone acumular una cantidad de conocimientos informáticos equiparable a los requisitos demandados, que vienen normalmente expresados como el dominio de decenas de sistemas, lenguajes, aplicaciones, productos, estándares,… que se multiplican hasta el infinito y más allá, todos ellos acumulados en una sola persona. Además, cuanto más desconocimiento de dicho valor presenta el demandante, más fácil es que el valor real de dicho recurso se dispare hasta unos límites que, a la hora de ponerle precio (ése que solo el necio confunde con el valor), suele provocar en el demandante una cara difícil de distinguir entre la incredulidad y el espanto.
  • Que el bien o recurso demandado no sea, en términos generales, un bien. Dicho de otro modo, que no sea tan bueno. Quizá el demandante nos pide un arma nuclear y solo sabemos cómo fabricar tirachinas, que no es suficientemente bueno para lo que se desea. Esto está muy relacionado con el primer motivo explicado antes, pero es una razón sustancialmente distinta. A veces nos piden fabricar un bate de béisbol y sólo sabemos hacer palos de escoba (que pueden incluso llegar a hace daño a alguien, pero no es lo mismo). Otras veces, la combinación de los dos primeros argumentos (la ignorancia del demandante y la maldad del demandado) se puede volver en contra del demandante, quien llega a comprar bates de beisbol a precio de cetme.
  • Que el recurso demandado no sea necesario y pueda fácilmente reemplazarse por un bien sustitutivo y más barato. Dicho de otro modo, si un informático que me ayude a automatizar la resolución de un problema es tan caro, prefiero seguir resolviéndolo a mano, como lo he hecho de toda la vida, que es más barato. A veces esto puede tener sentido, pero en no pocas ocasiones, lo barato sale caro. Sobre todo en una época donde se le suele pedir a los informáticos que hagan un deep learning o algo de eso y que por arte de magia nos resuelva el problema en cero coma, “como hace Google” (sic). Otras veces el recurso sustitutivo puede ser un cuñado que ha hecho un módulo de esos y te programa unas apps que se te saltan las lágrimas (de alegría, de emoción, de pena,… vaya vd. a saber por qué razón)

La bendición y, a la par, maldición del profesional informático es la de una elevada demanda y una escasísima oferta, lo que lleva a un desajuste enorme y, lo que es peor, creciente. La iniciativa IT Professionalism framework de profesionalismo en el sector de las tecnologías de la información acaba de publicar el informe European Framework for IT Professionalism en cuyo resumen se relata que el desajuste entre la oferta y la demanda de las IT skills en los profesionales no solo son considerables a fecha de 2015, sino que las expectativas son que aumenten en 2020; de un 3.2% a un 3.5% en la UE de los 28; de un 4.0% a un 7.0% en Francia; de un 3.6% a un 5.5% en Alemania; de un 2.0% a un 8.7% en Japón; de un 3.0% a un 3.7% en EEUU. De los países analizados en el informe, tan solo se espera un cierre de la brecha en UK (de un 1.8% a un 0.7%) y Canadá (de un 7.0% a un 6.8%); y la reducción esperada tampoco es para tirar cohetes.

De España y otros países el informe no aporta datos desglosados, pero tampoco hace falta ser un hacha para saber por donde van a ir los tiros. Al ritmo que el sistema educativo actual genera profesionales con la formación informática suficiente, el crecimiento en España de dicho desajuste puede ser exponencial. El problema no es la baja proporción de titulaciones relacionadas con la informática en universidades y centros formativos de grado superior. El número de titulados en informática es más que suficiente. El problema mayor es la escasa, por no decir nula, formación informática en el resto de titulaciones. Un buen profesional de cualquier disciplina con una mínima formación en informática presenta varias ventajas. Primero, serán capaces de construir ellos mismos su propios palos de escoba e incluso sus bates de béisbol. A lo mejor algunos consiguen hasta montar su propio cetme comprando las piezas por separado. Quizá no lleguen a construir un arma nuclear, pero para eso están los ingenieros, que una vez despejada la paja del heno, podrían cubrir con solvencia la demanda de un valor real en un menor número. La segunda ventaja es que los demandantes acudirían con un mejor criterio a la búsqueda de la oferta que le resuelve su problema, reduciendo la triste influencia de la ignorancia en la toma de decisiones en cuanto a contratación de los preciados recursos humanos en informática. Finalmente, para los profesionales de la informática esto no deja de suponer una ventaja. Cuando el común de los profesionales (no informáticos) sepan valorar y apreciar mejor el trabajo de los profesionales informáticos, también sabrán distinguir el valor de un trabajo de ingeniería del resto de trabajos, al igual que todo el mundo sabe distinguir, sin ser un experto, que no es lo mismo construir un cobertizo en el jardín o un edificio de 30 plantas. Si llevamos años clamando por el reconocimiento de la ingeniería informática, no veo mejor manera de conseguirla que haciendo que los no informáticos aprendan informática.