La ciudad ventilador

Esta semana estoy en Karlsruhe, también conocida por la Fächerstadt (literalmente, ciudad ventilador), debido a la notable estructura radial de treinta y dos de sus calles alrededor de la torre del palacio o Schloss.

700px-Karlsruhe_180_panorama

 

Me he venido de Erasmus Docente, una oportunidad que se nos da a los profesores que por edad nos perdimos la experiencia Erasmus discente para probar un pequeño sorbo de lo que muchos de mis alumni han podido disfrutar. IMG_1944Lo de “sorbo” no es metáfora, que conste. Es alusión directa al Erasmus Dionisíaco que tanto les envidio. Vamos, que ahora mismo estoy apurando la bitburger de la foto en el biergarten del hotel, para literalizar lo del pequeño sorbo de la experiencia Erasmus.

Lo más sorprendente de mi corta estancia ha sido la temperatura. Treinta y cinco grados centígrados que hemos alcanzado durante tres días seguidos. Eso para centroeuropa y con la humedad ambiental que hace aquí es una barbaridad. Hace más calor que en Jerez cuando salí de allá.

Lo menos sorprendente de mi estancia ha sido la sequedad de algún teutón. Digo seco por no decir desagradable. Vamos, que los grados de humedad ambiental ya adivino de donde salen. Mi vuelo sale pasado mañana y hoy he terminado de impartir mi ultima clase. Al terminarla clase, he preguntado a un colega, berlinés para más señas, que al día siguiente quería aprovechar para sentarme y recuperar trabajo atrasado, que si sabia de algún sitio donde pudiera hacerme un hueco y disponer de conexión a internet. Yo esperaba que me dijera: mira, aquí o allá puedes sentarte y trabajar tranquilo. La respuesta fue escueta: “Starbucks” dijo. Punto peloten. Menos mal que le pedí un sitio para trabajar, con lo que dicen que gusta eso por estos lares. Le llego a pedir un sitio para bailar sevillanas y me corre a gorrazos. A lo mejor es que los berlineses son especialmente antipáticos, como dicen de los parisinos o los neoyorquinos. Éste lo tenía todo, porque esa misma mañana le acompaño a pedir un café y, tras traducir del alemán lo que la camarera me preguntaba, lo primero que me dice es que no tiene dinero suficiente para invitarme. Tampoco se lo había pedido, leñe, es que no sé alemán. Vamos, que aparte de berlinés, debe de tener algo de sangre escocesa, holandesa o catalana 🙂

Tengo que decir que ésta ha sido la excepción, pues el resto de alemanes que he encontrado han sido encantadores, especialmente en hostelería, donde son unos profesionales (también). Por ejemplo, hoy al regresar al hotel me he encontrado con la agradable sorpresa de que, para mitigar el sofocante calor, nos habían colocado a los clientes en nuestras habitaciones… ¡un ventilador! Dudo que sea un souvenir de recuerdo de la ciudad, porque no me cabe en la maleta. Pero es todo un detallazo en una ciudad que, a pesar de su sobrenombre, no tiene aire acondicionado ni en los combi no frost que fabrica Liebherr.

El expolio de la ingeniería informática

Diego Gambetta comienza su obra La Mafia Siciliana (Fondo de Cultura Económica, México, 2007) relatando la entrevista a un criador de ganado de Palermo, quien le explicaba que “Cuando el carnicero me viene a comprar un animal, él sabe que quiero estafarlo. Pero yo sé que él quiere estafarme. Así que necesitamos de Peppe para hacernos llegar a un acuerdo. Y los dos pagamos a Peppe un porcentaje del trato”. Otro comerciante palermitano, fabricante de muebles, sostenía que “Peppe vendía sobre todo información, haciendo con ello posible la transacción”, y que “por este servicio recibía 2% de comisión. Si además actuaba como garante de la calidad y el pago, el porcentaje aumentaba”. Ambos comerciantes coincidían en que Peppe actuaba como garante y, en un determinado territorio, operaba como monopolista. De manera significativa, el capítulo donde se relata esta historia se llama La industria de la protección.

En la industria de la cría de ganado y de la fabricación de muebles es de suponer que Peppe es una eminencia. Si no, ¿cómo podemos asegurar que la garantía de calidad que vende Peppe es un buen servicio profesional y no una simple mordida? Si Peppe no entendiera de ganado o de muebles, ¿sería razonable que tuviera el monopolio de la protección y de la garantía de calidad del ganado con que uno comercia o de los muebles que el otro fabrica?

Ricardo Gallir explica en El largo y difícil camino de la profesión cómo los colegios profesionales pueden llegar a ejercer de Peppe cuando plantean obtener beneficios de monopolios legales sin ofrecer a la sociedad nada a cambio. El servicio de Peppe como proveedor de información puede considerarse justo. De hecho, toda nuestra sociedad está construida sobre esos pilares. En cambio, el servicio de Peppe como garante de la calidad es, cuando menos, discutible. Un colegio profesional no va a poner en duda la utilidad y justicia de su servicio. Otros planteamos serias dudas a la bondad del monopolio de Peppe o de la regulación monopolística de los colegios profesionales. La utilidad social del monopolio del servicio de garantía de calidad que éstos prestan en el estado español hay que ponerla, al menos, en cuarentena.

Los países anglosajones que dominan la industria no optan por la regulación profesional (y mucho menos monopolística) de sus ingenieros, sino por la certificación. Cuando un ingeniero español sin barreras idiomáticas acude en busca de trabajo al extranjero, suele conseguirlo sin mayores problemas. Nadie duda hasta la fecha de la calidad de nuestros profesionales en ingeniería. Otro asunto es la valoración en forma de nivel salarial que el contratante hace del contratado, en función de su nivel de certificación. Un ingeniero certificado como chartered puede optar a niveles salariales mucho mayores que uno sin certificar. Es más, para desempañar ciertas actividades en ingeniería es imprescindible estar certificado. En el modelo anglosajón las sociedades profesionales certifican, y las Universidades deben formar buenos profesionales que puedan aspirar a estar certificados sin mayores problemas. De lo contrario, los titulados de una Universidad que relaje en exceso sus exigencias académicas no conseguirán certificarse y de hecho así se implementa un excelente control de calidad externo a las Universidades, a quienes no les vale ya la captación de más alumnos relajando en exceso los niveles académicos.

Es característico del modelo anglosajón que, además de no haber un monopolio regulador de certificaciones, la emisión de las mismas no está asociada a haber cursado un plan de estudios determinado, como sucede en España. Aquí, las atribuciones profesionales (es decir, los poderes de Peppe) están reguladas y el Gobierno establece las condiciones a que deben adecuarse los planes de estudio, en las titulaciones de Graduado y Master Universitario, en términos de competencias que se dan por adquiridas simplemente por haber finalizado dichos estudios. Esto sucede así en los ámbitos de las ingenierías tradicionales mediante la regulación de atribuciones (RD 1393/2007, de 29 de octubre; resolución 1478/2009, de 15 de enero; y órdenes CIN/350/2009 a la CIN/255/2009, de 9 de febrero) y, de modo particular, en los ámbitos de la ingenierías de nuevo cuño, es decir, la ingeniería informática y la ingeniería química (RD 12977/2009, de 8 de junio). Hay que decir que, en el caso de la ingeniería informática, el citado Real Decreto es un simple brindis al sol, dado que sus competencias no están asociadas a ninguna atribución profesional regulada. Es decir, las atribuciones profesionales en el caso de la ingeniería informática, simplemente no existen. Dicho de otro modo, si algún ingeniero tradicional colegiado quiere hacerse con los poderes de Peppe en cuanto a garante de la calidad de los proyectos y sistemas informáticos, podrá hacerlo, puesto que a los ingenieros informáticos no se les permite.

En estos días circula por la Red un borrador del Anteproyecto de Ley de Servicios Profesionales que pretende garantizar el libre acceso a las actividades profesionales y su libre ejercicio, así como actualizar y completar la regulación del régimen jurídico de los colegios profesionales. Dicho borrador reserva el ejercicio de las atribuciones profesionales en el ámbito de la ingeniería a quienes posean un título de Master que dé acceso a cualquier profesión de ingeniero. Bueno, el borrador excluye explícitamente a los ingenieros informáticos de poder ejercer dichas atribuciones. Sorprendentemente, sí que incluye a los ingenieros químicos, los habituales compañeros de fatigas de muchos ingenieros informáticos que han pretendido durante años unirse al club de Peppe.

Mucho me temo que la intención de dicha exclusión de los ingenieros informáticos no es casual, sino con un deliberado interés de expolio económico de las cuantiosas comisiones esperables por ejecución y visado de proyectos industriales relacionados con la ingeniería informática, precisamente los únicos que sobreviven a la crisis y que es previsible crezcan en las próximas décadas. Así pueden compensar los colegios tradicionales de ingenieros las pérdidas económicas, ya sean comisiones legales por servicio, ya sean simples mordidas, que pudieran devenir por el cada vez menor número de proyectos industriales fuera del ámbito de la ingeniería informática que se desarrollan en España. Para muestra, véase un botón. El prestigioso Instituto de Ingenieros Eléctricos y Electrónicos (IEEE) norteamericano ha publicado recientemente las estadísticas de cómo el desempleo entre los ingenieros eléctricos ha crecido desde el 3.4% hasta el 6,5% en los primeros meses de 2013, mientras que el de los ingenieros informáticos expertos en el desarrollo de software ha decrecido hasta el 2,2%. Una prueba a favor de la posible intención dolosa de excluir a los ingenieros informáticos de la regulación propuesta por el citado anteproyecto de ley es que sí se han incluido, explícitamente, a los ingenieros químicos como profesión regulada, pues la cuantía económica del expolio es considerablemente menor en su ámbito. Si estas sospechas no están muy alejadas de la realidad, va a ser muy difícil hacer cambiar de opinión a los legisladores, influidos por los poderodos lobbys que suponen los grandes históricos colegios de ingeniería en España.

TheQuickBrownFox

Fuera de España, toda esa regulación de los colegios profesionales no tiene utilidad alguna. Lo que se pide a un ingeniero en Europa para la ejecución de cualquier de proyecto industrial es estar certificado en función de su experiencia, de su preparación para participar o visar proyectos de una determinada índole y, por supuesto, también de su titulación. Pero la titulación no es excluyente. No se está certificado por el simple hecho regulado de haber obtenido un cierto título de ingeniería y estar colegiado. Sobre todo, dichas certificaciones no son monopolísticas, sino que las emiten diversas sociedades profesionales según su prestigio y su ámbito de experiencia. Una forma de evitar que se torne en mordida un servicio que, en origen, era útil y bueno para la sociedad, como la información de Peppe, o los servicios no monopolísticos de un colegio, es que el garante de la calidad del servicio tenga suficiente conocimiento sobre lo que está certificando. Desafortunadamente esto no suele suceder entre no pocos ingenieros tradicionales, no informáticos, algo que se deriva de un sencillo análisis de los planes de estudio que les dotan de atribuciones por el RD 1393/2007. El anteproyecto de ley que hoy circula permitirá a ingenieros no formados en ingeniería informática actuar de garantes de la calidad del desarrollo de proyectos y sistemas informáticos. Nos encontramos, pues, frente a un Peppe que puede no saber de ganado ni de fabricación de muebles, pero que tiene el monopolio regulado de la industria de la protección.

Si no se quiere, o no se puede, poner coto a este hecho, al menos que la informática y el pensamiento computacional entren de verdad en la escuela, como están haciendo en todos los países desarrollados, para que los futuros profesionales, ya sean o no ingenieros, salgan del analfabetismo informático que lamentablemente nos invade y que, como bien señala Enrique Dans en Ponerse las pilas, pone en peligro nuestro futuro como país.

Si no se corrige este desatino, puede que España pierda una vez más la comba de la siguiente revolución industrial, la pronosticada hace mucho tiempo por Alvin Toffler en La Tercera Ola, como ya lo hicimos hace dos siglos. A toro pasado es fácil buscar culpables en Fernando VII o en (tómese literalmente) la madre que lo parió. Sin embargo, es preferible poner arreglo a los problemas que buscar culpables años más tarde. Quizá así nos ayudemos a nosotros mismos a perder esa odiosa costumbre española.

Trayecto por Nápoles

Este verano me he tomado unas pequeñas vacaciones por algún puerto italiano (sí, sí… al pie de la montaña…) y quería dedicar esta entrada a Napoli, porque me ha sorprendido especialmente. Tras visitar Florencia y Roma, llenos de arte y fastos históricos y arquitectónicos, el que llega a Nápoles se encuentra con la vida de verdad, con su esencia misma. He simultaneado el viaje con la lectura de El Gen Egoísta, de R. Dawkins, y aunque el librito es reconocidamente especulativo, es muy divertido ver cómo la vida y las gentes de Nápoles podrían haber ilustrado muchos de los ejemplos de los capítulos 5 y 9.

Todos los turistas (que no viajeros) hablaban barbaridades de Nápoles: que si feo, que si inseguro, que si caótico… concluyendo que no merecía la pena la visita. Esto sí que me va a gustar, pensé. Comparto todas las opiniones de Nápoles excepto la relativa a su belleza, que siempre depende del ojo que mira. En lo poco que me dio tiempo a ver me pareció una ciudad increíble.
La verdad sea dicha, la mayor parte del tiempo lo pasamos en Pompeya, que es tan inmenso y alucinante que agotó casi toda la jornada. Pero el trayecto en bus y tren hasta allá y un rápido e inmejorable capuccino al lado del puerto merecieron la pena. Las mezclas de color de piel y ojos de las gentes, el vocerío, el caos, el estar casi seguro que el tío que tienes al lado en el bus es un carterista que te sonríe pensando “en cuanto te descantilles te la cuelo bambino”; la familia en el autobús camino de la playa, bártulos incluidos, con las tres matriarcas compartiendo dos asientos y un bambino de unos 13 años y una bambina de unos 9 saltando de asiento en asiento entre los de todos los pasajeros mientras jugaban a darse besos en los morros; el par de señores renegríos que entran al vagón portando la caja de un televisor plano LG con quién sabe qué contenido y te la dejan en el portaequipajes de encima tuya, se alejan hacia otro vagón y salen del tren en cada parada mirando de un lado para otro de modo parecido a como, en el campo del barça, los boixos nois buscan con la vista a los vigilantes jurados, para, minutos después, recoger el bulto apresuradamente y bajar en la estación; el recorrido del tren durante 30 minutos por decenas de viviendas, pioneras desde hace lustros de la moda actual de dejar los muros con el cemento al aire; el oportunismo del camarero de la cafetería que estaba justo a mi espalda mientras yo interrogaba al dueño de la tienda de al lado para que me recomendara un sitio donde sirvieran buon cafe; ese señor camarero que me coge del brazo y me acompaña conversando durante los escasos 10 metros que nos separan de la cafetería, al mejor estilo Coppola… Todo eso y mucho más hicieron que mi rápida visita me dejara con ganas de volver a visitar Nápoles, por mucho que se empeñe Roberto Saviano en dibujar sólo lo más oscuro de sus entresijos. No pongo en duda que así sea, pero prefiero pensar en que toda sociedad humana se ha fundamentado antes o después, a lo largo de su historia, en un estadio similar al del Nápoles actual y que, igual que Pompeya, esta bella ciudad no hace más que desempolvar toda esa cínica ceniza que recubre a otras ruinas.

Manejar el picante

La semana pasada pillamos un taxi para ir al Tec. Desde que subimos, el taxista no hacía más que platicar por la radio mientras manejaba. Resulta que a la centralita se le había estropeado la radio (según sus palabras, se amoló la fuente de potencia) y le habían dado a él instrucciones por teléfono para que transmitiera a sus compañeros. Éstos a su vez harían lo mismo. Esto es lo que los informáticos conocemos como peer-to-peer, pero en versión amolada. Menos mal que poco antes de entrar en la autopista decidió preguntarnos que a dónde íbamos!

Hay que decir que a los mexicanos en general les falta alguna que otra clase de autoescuela. Hay que ver la de barbaridades que se ven por carreteras y autopistas. Pero claro, tiene su lógica: los mexicanos no saben conducir, sino que sólo saben manejar. Aquí la menetérita española hacía su agosto. Bueno, eso si les dejaban los miembros de los mil y pico cuerpos de policía que existen. Aquí llevas tu coche a pintar a un taller y como no te decidas pronto por el color, te descantillas y te lo pintan de Canción Triste de Hill Street con una facilidad pasmosa, con sirena y todo 😦

También fue curioso oír el código usado por los radio-taxistas, parecido al de los polis de la misma serie de antaño: “R13 acuda a 34 para un 11”; “R27 tiene un 11 pendiente con 24” Traduzco (algunos códigos me los invento, que no me dió tiempo a averiguarlos todos 😛 “Taxi R13 acuda a la parada del 34 (la del Tec) para un servicio”; “R27 tiene un servicio pendiente con pago por vale”. Supongo que de la codificación habrán eliminado algunos números, porque el cachondeo con alguna que otra cifra picante puede ser evidente 😉

La sección antojitos mexicanos esta semana no va a poder ser, pues el ataque de Moctezuma me ha hecho estar varios días con arroz, verduras, pollo y gelatinas. Para que veáis cómo son en este país con el picante, a la versión mexicana del típico pollo a la plancha para casos de enfermedad gastrointestinal le echan pimienta, que como Cuervo Loco, pica, pero pica poco 😛

Hablando de picante, aún estoy por descubrir algún significado oculto en azteca de dicho término, porque resulta que hay un programa deportivo de la televisión azteca, de nombre “fútbol picante” y, la verdad, sólo se ven tíos en calzonas corriendo detrás del balón, algo contradictorio con el nombre del programa 😉 Menos mal que lo veo porque me gusta el fútbol 😀

El Bajío

El pasado fin de semana visitamos algunos lugares de la región mexicana de “El Bajío”. El amigo Jorge reservó una furgoneta-minibus (camioneta la llaman aquí) en la que recorrimos Guanajuato, Dolores Hidalgo y San Miguel de Allende.

Guanajuato es capital del estado del mismo nombre, sede de las minas de plata que explotó antaño la corona española y que tan bien resumió Quevedo. La ciudad disponía de una vasta red de alcantarillado que recorría la ciudad subterránea y que más tarde desecaron y convirtieron en innumerables túneles y anchas vías transitables, de modo que se convirtió en una villa tridimensional que ha debido causar más de un dolor de cabeza a los tom-toms. Vamos, a modo de Azca en Madrid, pero más extenso y con varios siglos de antelación. Por arriba, la ciudad está llena de referencias cervantinas. Si no fuera porque el cardenal Cisneros no asoma por ningún lado, uno diría estar en Alcalá de Henares. Al buscar una calle no te vale con el nombre y el número, sino que casi te hace falta el “piso”, el de abajo o el de arriba. A lo mejor por eso le llaman a esta región “el bajío”, jeje…

Por la noche estuvimos tomando una cerveza animados por el clásico mariachi. Bueno, los realmente animados eran los de la mesa de al lado, que fueron quienes les contrataron :P. A nosotros nos tronaron los tímpanos, especialmente el mariachi de la trompetita, que en vez de apuntar a su mecenas dirigía sus notas hacia los de al lado. Diez eran los músicos. Allí estaban cuando entramos en el bar, y allí permanecieron cuando nos fuimos. Como cobren por persona-hora, anda uno apañao :-

Sección antojitos

Le he cambiado el nombre a la sección gastronómica, pues parece ser que antojitos es como se les llaman a los platillos mexicanos con las delicias típicas de la tierra. A pesar del nombre, no es que se coman durante el embarazo 😉 pero me temo que uno va a acabar en ese estado (al menos en apariencia externa) si sigue por el duro camino de desayuno, almuerzo, comida, merienda y cena con, en ocasiones, hasta siete platillos diferentes para alguna de las comidas :-O

Los compañeros del Tec celebraron los cumpleaños de julio y agosto con un desayuno en base a deliciosas gorditas (Gracias, Ernie, por la sugerencia culinaria :-P), cuyo nombre, como ya viene siendo costrumbre, siembra ciertas dudas sobre si es comestible. Os pongo una foto para que veáis que lo es :). Aparte de esto, he probado todo tipo de enchiladas (mineras, verdes, potosinas) y tamales, chile nogada, atole, etc.

Por cierto, ¡cuidado con los tamales callejeros! Por doquier acechan puestos y tenderetes donde venden tamales sospechosos. Aquí le llaman la venganza de Moctezuma a las gastroenteritis típicas que suelen atacar a los europeos por estas tierras. Moctezuma suele atacar disfrazado de tamal. Lo digo por experiencia 😦

Para los adictos a las crónicas, relataba en mi vuelta a Cádiz algunas bondades de la vida en el Sur de España. Eso no es nada. Sólo deciros que los anfitriones de la casa donde me hospedo
me hablan de Amealco, un pueblo del estado de Querétaro donde todos los restaurantes cierran a la hora de la comida. Eso es vida, y lo demás, cuentos.

Crónicas del nopal

Tras 27 horas de arduo viaje, llegué a México. Como lo primero es lo primero, hay que bautizar las crónicas de estos días. Tras algunas conversaciones con amigos, donde intercambié propuestas de nombres inspiradas en enchiladas y manitos, me gusta más seguir con la tradición botánica y utilizar el nopal, cactus típico de estas tierras, que además es comestible y que tiene equivalente gaditano en la chumbera.

Como es tradición, comenzaré pues las Crónicas del Nopal por las clásicas secciones de ‘progresos con el idioma’ y ‘gastronomía del país’, que rebautizaré apropiadamente acorde a los usos del lugar: ‘tacos y chingadas’ para el idioma y ‘tamales y enchiladas’ para la gastronomía. Umm… la verdad es los nombres son poco claros; ambos bien parecen cosas de comer 😛

Sección tacos y chingadas

Bien es sabido los distintos usos que a un mismo término del diccionario español se le da a ambos lados del charco. Aunque muchos son ya conocidos, intentaré hacer una selección escogida (i.e. esjodida) de algunos que no dejan de soprenderme:

  • En los aviones no se embarca, sino que los pasajeros los abordan. La verdad es que a puntito estuvimos de abordar el avión en Atlanta con rumbo a México DF, pues el desastre y la sobreventa de la compañía Delta Airlines bien que nos incitaba a ello. Pero no: finalmente sólo embarcamos.
  • A los profesores que pasean por el campus también se les aborda. En este caso para preguntar por cualquier cuestión académica de interés para el alumno que, afortunadamente, no lo hace al grito de “¡al abordaje!”
  • Las acciones formativas de la que son objeto los alumnos en la Universidad aquí se denominan de una forma quizá más apropiada con la naturaleza e idiosincrasia del estudiante de nuestros días. Estas acciones son aquí llamadas adiestramiento, a pesar de que por regla general los alumnos mexicanos son bastante más educados que sus homónimos españoles, quienes muchas veces sí que necesitarían de ese adiestramiento pero en su acepción española.
  • No hace falta decir que el verbo coger y todas las formas lingüísticas en él basadas, tanto verbos (escoger, recoger, acoger) como nombres (recogedor, acogedor) están completamente fuera de lugar en Latinoamérica. Pensad que la acepción más común es sinónimo de un verbo español que empieza por f y termina… bueno… en general suele terminar bien :))
  • Por las mañanas te aseas bajo una regadera. Umm… esto no le va a venir bien al nopal, que no necesita mucho de las regaderas para dar sus buenos frutos, los higos chumbos (tunas los llaman aquí).

Sección tamales y enchiladas

Hablando de higos chumbos, aún no me ha dado tiempo a probar mucha gastronomía del país. Bueno, sí que he probado algo, pero ya lo había hecho antes en España: los citados higos chumbos y la cochinita pibil. Que conste que estoy hablando de gastronomía y cosas de comer, no de verbos a evitar 😉 En cuanto tenga la ocasión, probaré los chapulines (insisto: sigo hablando de manjares culinarios; para evitar confusiones). Aunque en España sólo conozcamos al chapulín colorao, éste es realmente el nombre que reciben los congéneres de Flip, el de la abeja Maya.

Bueno, la verdad es que sólo llevo un par de días en Querétaro (sí, sí… donde el Buitre marcó los 4 goles a Dinamarca) y aún hay poco que contar. Parece que el próximo fin de semana visitaremos Guanajuato. En cuanto haga alguna visita os cuento más detalles.

¡Ándele!

La ruta de los Omeyas

Los primeros meses en Cádiz no han dado para mucho congreso. Pero en cuanto ha llegado el verano, ha comenzado la temporada, aprovechando que dos de los que más me interesaban se celebraban en España: la conferencia internacional de LAMS (precisamente en Cádiz) y el ICALT (en Santander).

Uno ha hecho casi de todo en las conferencias y sus viajes, como ya he relatado en las crónicas. Pero cuando la conferencia se celebra en Cádiz, siempre hay algo nuevo por hacer. La fecha y hora de la cena de gala de la conferencia coincidían con la semifinal de la EURO 2008, Rusia-España, y el restaurante no tenía TV. Todo sea por el fútbol. Me llevé la tele al salón del restaurante El Español. Gracias a que vivo a dos pasos de la conferencia y a que las teles de hoy son planas, la labor no tuvo demasiada complicación. Sólo hubo que comprar algunos metros de cable coaxial y hacer de antenista un rato. Lo malo fue que no pudimos poner la clásica muñeca vestida de gitana encima de la tele, ni siquiera agarrada de las uñas.

Cuando acabó la conferencia salí para Cantabria. Agarré el coche e hice la ruta del Omeya Ibn Muza, con parada y fonda en Medina Mayrit, pero sin cortar cabezas de cristianos.

En Cantabria me alegró ver muchos viejos amigos a los que no veía desde hacía 4 meses. ¿Qué pasa, que no se puede echar de menos a la gente en ese tiempo? Bueno, a algunos ya les había visto antes :-/

Tengo que destacar la cena de gala del congreso. A falta de tele y partido de España (la eurocopa ya había acabado), el rape y el solomillo que nos sirvieron en el Gran Casino del Sardinero jugaron bien su papel. A la hora de los cafés, algo me llamó la atención. Las bolsitas de azúcar Dromedario venían con un mensaje individualizado relativo a los juegos olímpicos próximos a comenzar. En la bolsita que me tocó a mí rezaba esta historia:

ESPAÑOLES PIONEROS EN LOS JUEGOS
Los españoles no participaron en los Juegos de Atenas de 1896 (primeros de la era moderna).
En París de 1900 se tiene constancia de 17 deportistas españoles, aunque la desorganización de estos Juegos fue total y existen dudas sobre los datos oficiales. Villota y Amézola consiguieron el primer puesto en pelota vasca, en la especialidad de cesta punta, mientras que Pedro Pidal, Marqués de Villaviciosa, fue segundo en tiro de pichón.

La reseña no tiene desperdicio. Muy ilustrativa del papel de los españoles en los primeros juegos. ¡Hay que ver, el mal que ha hecho la wikipedia entre los jóvenes cronistas de nuestros días! No sé si la reseña resulta graciosa, pero yo me reí un buen rato tras su lectura.

Tras acabar la cena intentamos buscar algún sitio abierto donde acabar la noche española y dignamente. Pero resultó más difícil de lo que parecía. Sólo estaba abierto un bar de aspecto sospechoso y una media de edad tal que Manolo el del Bombo resultaría un chaval. Con decir que los paisanos que merodeaban el local bailaban pasodobles en una esquina, lo digo todo.

Durante los días de estancia en Santander comenzaron las rebajas, así que me dirigí al centro a achantar la crisis. Los últimos meses pasados en Andalucía me han convencido falsamente de que el tiempo atmosférico veraniego no tiene apenas variabilidad, así que tuve que comprarme un jersey, un pijama y un paraguas. Justo lo que a uno no tiene que olvidársele cuando viaja al norte. Pues a mí no sólo se me olvidó eso, sino que además iba en chanclas. Así que también tuve que comprarme unos zapatos. Incauto de mí…

Ahora estoy de vuelta a Cádiz, rehaciendo la ruta iniciada por Don Pelayo y acabada por Alfonso X El Sabio. Tras la reconquista total, los españoles iniciamos la época de los descubrimientos y el salto a Iberoamérica. En México os espero 😉