¡Es la economía (de la informática), estúpido!

El eslogan oficioso de la campaña de Bill Clinton en 1992 fue una frase escrita en carteles de las oficinas centrales del partido demócrata que rezaba “Es la economía, estúpido”. Es la economía la que está detrás de muchos motivos y muchas decisiones en el terreno de la política, por ejemplo en política sanitaria y de salud pública, como el mundo entero ha podido apreciar (más bien, sufrir) en estos tiempos de pandemia. Y las decisiones en educación, como políticas que son, no le vienen a la zaga a la hora de imponer la economía sobre otros criterios.

En la difusión del reciente artículo Solo la informática es informática por redes sociales, algunos colegas (notablemente, padres de hijos en edad escolar) argumentan, con toda su razón, que tienen serias dudas sobre si la informática debería ser incluida como materia obligatoria en los curricula de enseñanza secundaria. Algunos han sufrido asignaturas de informática que se reducían a un curso de Excel; otros no encuentran espacio disponible para calzar la informática entre las matemáticas, la física y la filosofía; hay quien plantea dudas sobre si debe enseñarse informática en secundaria, al igual que medicina, derecho, traducción y periodismo no se aprenden en tal nivel educativo. Todos tienen sus razones muy justificadas para albergar dudas.

La cuestión es que en la exclusión de la informática del RD que regula las materias o asignaturas del próximo bachillerato y educación secundaria no subyacen los motivos de reduccionismo, espacio curricular o paralelismo a ciertos estudios superiores. No lo creo porque para esos problemas hay alguna solución. Empezando por el último de los motivos, comparar los estudios de informática con los de Medicina, Derecho o Periodismo (por tal de limitarse a los nombres tradicionales de estas carreras universitarias, más allá de los nuevos que el RUCT propone) no es del todo correcto. Todos los citados son estudios superiores, compuestos de multitud de disciplinas cada uno. Por ejemplo, la Medicina se basa en la biología, la química y la matemática, por citar solo aquellas cuya inclusión en el currículo de secundaria se considera indiscutible. La informática no es ningún estudio superior, o al menos ya no lo es desde los años 1990, donde las antiguas licenciaturas en informática desaparecieron para convertirse en ingenierías de forma generalizada en todas las universidades españolas. La ingeniería informática en cambio sí constituye unos estudios superiores actuales, comparables a los estudios antes mencionados de Medicina, Derecho y Periodismo y, por descontado, no tiene cabida a nivel de secundaria. Pero no es así con la informática, que es una disciplina comparable a la matemática, la física y la química (con grados universitarios de idéntico nombre, procedentes de la migración de las antiguas licenciaturas). La informática no es comparable, por tanto, a los estudios de Medicina, Derecho, Traducción o Periodismo. Paul Rosenbloom opina que la informática es, incluso, algo más que una mera disciplina, formando un nuevo campo de conocimiento que complementa a los tres tradicionales de las Ciencias Físicas, Ciencias de la Vida y Ciencias Sociales. Pero esto es harina de otro costal.

El motivo de falta de espacio en los curricula tampoco creo que haya influido en la omisión de la informática del RD. De hecho, como bien explican los compañeros de programamos.es, el texto del RD está repleto de contenidos y competencias de digitalización, pensamiento computacional y otros conceptos, todos ellos muy cercanos a la informática. Si uno lee con detenimiento el texto, verá que las asignaturas de matemáticas hacen acopio de muchos de estos conceptos, apropiándose (en el buen sentido) de los mismos y haciéndoles hueco en un lugar donde antes no había nada. Me parece algo positivo, si bien tal apropiación no aborda el problema fundamental de estas asignaturas, según se describe en The Math(s) Fix y que, según su autor Conrad Wolfram puede hacerles correr el mismo riesgo que, desafortunadamente, han sufrido las asignaturas de Latín en secundaria, motivado por ser considerada una lengua muerta. Siguiendo al argumentario de Conrad Wolfram, las matemáticas en su enfoque actual pueden llegar a ser una ciencia muerta siguiendo el criterio que se usa para calificar como tales a las lenguas, es decir, su falta de uso en el mundo real. Por tanto, no creo que falte espacio curricular.

Así llegamos al tercero de los motivos, quizá el más cercano al quid de la cuestión. El reduccionismo con que se ha tratado a la asignatura de tecnologías de la información y de la comunicación o TIC en la etapa anterior de definición de políticas educativas, que han sido sustituidas por la nada en este nuevo RD, ha conducido a no pocos profesores de la asignatura a, en no pocos casos, solo enseñar Word y PowerPoint (las tecnologías de la información), navegar por internet (las tecnologías de la comunicación) y, en el mejor de los casos, enseñar Excel a un nivel mínimo de potencia (alguno se atreverá a denominar esto tecnologías de data science, tiempo al tiempo…) Comprendo el sufrimiento de los profesores que, sin formación ni experiencia alguna en informática, acudieron a lo que tenían más a mano cuando les pidieron impartir la materia de TIC. Y menos mal que llegaron los smartphones y todo el mundo tiene un ordenador en el bolsillo. Porque hasta bien entrados los 90 tener un ordenador en casa o en el trabajo con el que hacer ofimática u hogarmática no era muy habitual. Pero el whatsapp y los nietos han logrado lo que la formación para la innovación educativa no ha logrado entre una población desafortunadamente cada vez más envejecida de docentes. En parte (solo en parte), hemos llegado al quid de la cuestión: es la economía, estúpido. No incluir la informática o bien eliminar o sustituir la asignatura TIC simplemente porque no hay garantías suficientes para poder impartirla con calidad sin acabar dando Excel (en el mejor de los casos, pues la cotidianeidad de la desaparecida/sustituida asignatura de TIC puede ser más grosera) es evitar los problemas, no intentar resolverlos. A un enfermo se le intenta curar, no se le sacrifica porque no desempeña bien sus funciones fisiológicas. Curar a un enfermo es muy caro. Parece más barato enviarlo a la morgue (insisto en lo de «parece»). Por tanto, aparte de las cuestiones (no sé si éticas o estéticas) sobre si los profesores deben o no deben asumir que hay que aprender y formarse en esos nuevos elementos que se incluyen en el curriculum (ya sea la ausente informática, ya sea el presente pensamiento computacional, pues el problema en la formación del profesorado es el mismo), el motivo de la omisión está medianamente claro y es el elevado coste de desfacer el entuerto. Un coste mucho mayor si se opta por la solución óptima demandada en informaticaenbachillerato.com que por la solución subóptima contemplada en el Real Decreto. Coste aún mayor aún teniendo solo en cuenta el nivel de bachillerato, sin entrar a hablar de secundaria obligatoria, donde el coste de la solución óptima puede ser inasumible.

Qué gobierno en sus santos cabales políticos se atreve a meter en el currículo de secundaria una asignatura de la que la inmensa mayoría de docentes no tiene ni la más remota idea, interés o necesidad. Con lo que cuesta toda esa formación. Ya se han gastado (nos hemos gastado) el oro y el moro en comprar portátiles para (todos?) los alumnos y llenar las aulas de pizarras interactivas cuyo fondo de pantalla es una telaraña (no, no tiene que ver con la web…) ¿Ahora hay que formar a todos esos profesores con cursos de informática? Que les den una leve pintura digital para decir que todos podemos llegar a pensar computacionalmente y arreando. Es más barato. Lo entiendo, aunque no lo comparto.

El porqué de la solución óptima y cara basada en hacer obligatoria la informática en una asignatura propia lo fundamenta Barbara Wilson (tal y como lo discute Mark Guzdial) en que, sin tal requisito, las escuelas no la incluirán de modo generalizado y que los más afectados serán los estudiantes femeninos y de minorías con baja representación que tradicional y/o culturalmente no se ven a sí mismos dedicándose a la informática. Por supuesto que la solución subóptima es mejor que la nada. Pero no está exenta de riesgos. Lo que no parece cuadrar en los motivos económicos aducidos aquí es la exclusión terminológica de la informática. Lo inquietante es la exclusión en el texto del Real Decreto del término informática, en su concepción sustantiva y no adjetiva, que suplanta al más apropiado ofimática las pocas veces que el primero de ellos es usado. Escribir informática y darle su reconocimiento no cuesta dinero. Al menos, no les cuesta dinero a los redactores de esas políticas educativas, aunque a lo mejor debemos plantearnos que sí, que hay alguien a quien le hace perder (como dice mi suegro) tiempo, dinero y categoría.

Escala Dinero Valor - Imagen gratis en Pixabay

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