Cortar el cuello a Rita

Lewis Gilbert dirigió en 1983 una maravillosa película de título Educating Rita de historia similar a My Fair Lady, en la que Julie Walters representa el papel de una peluquera de Liverpool, de clase trabajadora, que quiere estudiar literatura a distancia. Lo hace en la Open University, donde conoce a un profesor, papel desempeñado por Michael Caine, quien le ayuda en su determinación de aprender más allá de sus habilidades de trabajo manual o blue-collar —por el color del cuello de la indumentaria clásica de los trabajadores manuales.

Pues bien, para reanudar mis andanzas académicas por el mundo, me he venido unas pocas semanas a la Open University, en Milton Keynes. Mi primer día ha sido muy soleado, para hacer honor al tema de Crowded House, como viene siendo habitual cada vez que salgo de estancia —si no fuera porque reconozco la diferencia entre correlación y causalidad, ya estaría sospechando que la culpa del cambio climático no la tienen los gases de efecto invernadero sino las crónicas del tulipán. Como es natural por estos lares, cada vez que sale el sol la gente abandona la oficina, así que no he encontrado apenas colegas en el instituto. Pero algo muy positivo ha sucedido: de las seis personas que he conocido hasta el momento y me han dado la bienvenida, cinco de ellas eran féminas. Ninguna de ellas blue-collar. Me parece un síntoma enormemente positivo de una cuestión que en UK ya tienen más que superada.

Anteriormente a los 80, estudiar Literatura era un buen punto de partida para pasar a desempeñar un trabajo white-collar (por el color del cuello de la camisa) de administrativo o técnico, en una oficina o entorno profesional normalmente alejado del trabajo manual. A partir de entonces, el ansia utilitarista que ha inundado especialmente a las sociedades repletas de trabajadores white-collar ha generado la falacia de que estudiar letras o ciencias sociales es desperdiciar el talento.

En los 80 Rita decidió ir más allá del entorno laboral que conocía, que, si bien es tan digno como cualquier otro, no le permitía en su día explorar otras perspectivas profesionales y personales. Y para ello decidió estudiar Literatura. Si pensaba en lo profesional, quizá no fuese una buena decisión en los 80. Eso nunca lo sabremos porque las películas suelen tener un final y quién sabe qué le sucedió a Rita tras conseguir su graduación en la Open University.

Hoy día las cosas son algo distintas. Como bien cuenta Elvira Lindo en No me llames letrasado, “no hay carreras con más salidas que otras, aún menos en un mercado laboral tan enclenque”. Muy acertada apreciación, aunque me falta un pero.

En el futuro, me imagino los sitios que sustituyan a las oficinas repletos de trabajadores collar-less, en camiseta y sin cuello, con una indumentaria similar a la mucho informático que a simple vista no te permite averiguar si es de cuello blanco o azul. La diferencia ya no está en el color del cuello, porque muchos de estos trabajadores realizarán indistintamente trabajos manuales (de robótica, smart manufacturing, impresión 3D, quién sabe…) o no manuales (programación, análisis de datos, modelado 3D, vete tú a saber…) La diferencia puede estar en conocer o no las habilidades básicas que permitan ser un collar-less en esos trabajos que surgirán para sustituir a los collar-ful que pueden desaparecer, independientemente del color del cuello, al igual que en su día los cuellos blancos y azules acabaron con muchos trabajos anteriores a la segunda revolución industrial.

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Así que no me conformo con el lema “estudia literatura y humanidades, que en cien años todos calvos” que se trasluce en el artículo de Elvira Lindo. Además de estudiar literatura, filosofía, ética, artes y humanidades, debemos animar a Rita a que se corte el cuello y aprenda un poco de esas otras disciplinas emergentes que le otorguen la autonomía suficiente para seguir viendo ese signo tan positivo de mujeres inundando las futuras oficinas o cualesquiera sitios que las sustituyan.