La ciudad ventilador

Esta semana estoy en Karlsruhe, también conocida por la Fächerstadt (literalmente, ciudad ventilador), debido a la notable estructura radial de treinta y dos de sus calles alrededor de la torre del palacio o Schloss.

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Me he venido de Erasmus Docente, una oportunidad que se nos da a los profesores que por edad nos perdimos la experiencia Erasmus discente para probar un pequeño sorbo de lo que muchos de mis alumni han podido disfrutar. IMG_1944Lo de “sorbo” no es metáfora, que conste. Es alusión directa al Erasmus Dionisíaco que tanto les envidio. Vamos, que ahora mismo estoy apurando la bitburger de la foto en el biergarten del hotel, para literalizar lo del pequeño sorbo de la experiencia Erasmus.

Lo más sorprendente de mi corta estancia ha sido la temperatura. Treinta y cinco grados centígrados que hemos alcanzado durante tres días seguidos. Eso para centroeuropa y con la humedad ambiental que hace aquí es una barbaridad. Hace más calor que en Jerez cuando salí de allá.

Lo menos sorprendente de mi estancia ha sido la sequedad de algún teutón. Digo seco por no decir desagradable. Vamos, que los grados de humedad ambiental ya adivino de donde salen. Mi vuelo sale pasado mañana y hoy he terminado de impartir mi ultima clase. Al terminarla clase, he preguntado a un colega, berlinés para más señas, que al día siguiente quería aprovechar para sentarme y recuperar trabajo atrasado, que si sabia de algún sitio donde pudiera hacerme un hueco y disponer de conexión a internet. Yo esperaba que me dijera: mira, aquí o allá puedes sentarte y trabajar tranquilo. La respuesta fue escueta: “Starbucks” dijo. Punto peloten. Menos mal que le pedí un sitio para trabajar, con lo que dicen que gusta eso por estos lares. Le llego a pedir un sitio para bailar sevillanas y me corre a gorrazos. A lo mejor es que los berlineses son especialmente antipáticos, como dicen de los parisinos o los neoyorquinos. Éste lo tenía todo, porque esa misma mañana le acompaño a pedir un café y, tras traducir del alemán lo que la camarera me preguntaba, lo primero que me dice es que no tiene dinero suficiente para invitarme. Tampoco se lo había pedido, leñe, es que no sé alemán. Vamos, que aparte de berlinés, debe de tener algo de sangre escocesa, holandesa o catalana 🙂

Tengo que decir que ésta ha sido la excepción, pues el resto de alemanes que he encontrado han sido encantadores, especialmente en hostelería, donde son unos profesionales (también). Por ejemplo, hoy al regresar al hotel me he encontrado con la agradable sorpresa de que, para mitigar el sofocante calor, nos habían colocado a los clientes en nuestras habitaciones… ¡un ventilador! Dudo que sea un souvenir de recuerdo de la ciudad, porque no me cabe en la maleta. Pero es todo un detallazo en una ciudad que, a pesar de su sobrenombre, no tiene aire acondicionado ni en los combi no frost que fabrica Liebherr.

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