Manejar el picante

La semana pasada pillamos un taxi para ir al Tec. Desde que subimos, el taxista no hacía más que platicar por la radio mientras manejaba. Resulta que a la centralita se le había estropeado la radio (según sus palabras, se amoló la fuente de potencia) y le habían dado a él instrucciones por teléfono para que transmitiera a sus compañeros. Éstos a su vez harían lo mismo. Esto es lo que los informáticos conocemos como peer-to-peer, pero en versión amolada. Menos mal que poco antes de entrar en la autopista decidió preguntarnos que a dónde íbamos!

Hay que decir que a los mexicanos en general les falta alguna que otra clase de autoescuela. Hay que ver la de barbaridades que se ven por carreteras y autopistas. Pero claro, tiene su lógica: los mexicanos no saben conducir, sino que sólo saben manejar. Aquí la menetérita española hacía su agosto. Bueno, eso si les dejaban los miembros de los mil y pico cuerpos de policía que existen. Aquí llevas tu coche a pintar a un taller y como no te decidas pronto por el color, te descantillas y te lo pintan de Canción Triste de Hill Street con una facilidad pasmosa, con sirena y todo 😦

También fue curioso oír el código usado por los radio-taxistas, parecido al de los polis de la misma serie de antaño: “R13 acuda a 34 para un 11”; “R27 tiene un 11 pendiente con 24” Traduzco (algunos códigos me los invento, que no me dió tiempo a averiguarlos todos 😛 “Taxi R13 acuda a la parada del 34 (la del Tec) para un servicio”; “R27 tiene un servicio pendiente con pago por vale”. Supongo que de la codificación habrán eliminado algunos números, porque el cachondeo con alguna que otra cifra picante puede ser evidente 😉

La sección antojitos mexicanos esta semana no va a poder ser, pues el ataque de Moctezuma me ha hecho estar varios días con arroz, verduras, pollo y gelatinas. Para que veáis cómo son en este país con el picante, a la versión mexicana del típico pollo a la plancha para casos de enfermedad gastrointestinal le echan pimienta, que como Cuervo Loco, pica, pero pica poco 😛

Hablando de picante, aún estoy por descubrir algún significado oculto en azteca de dicho término, porque resulta que hay un programa deportivo de la televisión azteca, de nombre “fútbol picante” y, la verdad, sólo se ven tíos en calzonas corriendo detrás del balón, algo contradictorio con el nombre del programa 😉 Menos mal que lo veo porque me gusta el fútbol 😀

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El Bajío

El pasado fin de semana visitamos algunos lugares de la región mexicana de “El Bajío”. El amigo Jorge reservó una furgoneta-minibus (camioneta la llaman aquí) en la que recorrimos Guanajuato, Dolores Hidalgo y San Miguel de Allende.

Guanajuato es capital del estado del mismo nombre, sede de las minas de plata que explotó antaño la corona española y que tan bien resumió Quevedo. La ciudad disponía de una vasta red de alcantarillado que recorría la ciudad subterránea y que más tarde desecaron y convirtieron en innumerables túneles y anchas vías transitables, de modo que se convirtió en una villa tridimensional que ha debido causar más de un dolor de cabeza a los tom-toms. Vamos, a modo de Azca en Madrid, pero más extenso y con varios siglos de antelación. Por arriba, la ciudad está llena de referencias cervantinas. Si no fuera porque el cardenal Cisneros no asoma por ningún lado, uno diría estar en Alcalá de Henares. Al buscar una calle no te vale con el nombre y el número, sino que casi te hace falta el “piso”, el de abajo o el de arriba. A lo mejor por eso le llaman a esta región “el bajío”, jeje…

Por la noche estuvimos tomando una cerveza animados por el clásico mariachi. Bueno, los realmente animados eran los de la mesa de al lado, que fueron quienes les contrataron :P. A nosotros nos tronaron los tímpanos, especialmente el mariachi de la trompetita, que en vez de apuntar a su mecenas dirigía sus notas hacia los de al lado. Diez eran los músicos. Allí estaban cuando entramos en el bar, y allí permanecieron cuando nos fuimos. Como cobren por persona-hora, anda uno apañao :-

Sección antojitos

Le he cambiado el nombre a la sección gastronómica, pues parece ser que antojitos es como se les llaman a los platillos mexicanos con las delicias típicas de la tierra. A pesar del nombre, no es que se coman durante el embarazo 😉 pero me temo que uno va a acabar en ese estado (al menos en apariencia externa) si sigue por el duro camino de desayuno, almuerzo, comida, merienda y cena con, en ocasiones, hasta siete platillos diferentes para alguna de las comidas :-O

Los compañeros del Tec celebraron los cumpleaños de julio y agosto con un desayuno en base a deliciosas gorditas (Gracias, Ernie, por la sugerencia culinaria :-P), cuyo nombre, como ya viene siendo costrumbre, siembra ciertas dudas sobre si es comestible. Os pongo una foto para que veáis que lo es :). Aparte de esto, he probado todo tipo de enchiladas (mineras, verdes, potosinas) y tamales, chile nogada, atole, etc.

Por cierto, ¡cuidado con los tamales callejeros! Por doquier acechan puestos y tenderetes donde venden tamales sospechosos. Aquí le llaman la venganza de Moctezuma a las gastroenteritis típicas que suelen atacar a los europeos por estas tierras. Moctezuma suele atacar disfrazado de tamal. Lo digo por experiencia 😦

Para los adictos a las crónicas, relataba en mi vuelta a Cádiz algunas bondades de la vida en el Sur de España. Eso no es nada. Sólo deciros que los anfitriones de la casa donde me hospedo
me hablan de Amealco, un pueblo del estado de Querétaro donde todos los restaurantes cierran a la hora de la comida. Eso es vida, y lo demás, cuentos.

Crónicas del nopal

Tras 27 horas de arduo viaje, llegué a México. Como lo primero es lo primero, hay que bautizar las crónicas de estos días. Tras algunas conversaciones con amigos, donde intercambié propuestas de nombres inspiradas en enchiladas y manitos, me gusta más seguir con la tradición botánica y utilizar el nopal, cactus típico de estas tierras, que además es comestible y que tiene equivalente gaditano en la chumbera.

Como es tradición, comenzaré pues las Crónicas del Nopal por las clásicas secciones de ‘progresos con el idioma’ y ‘gastronomía del país’, que rebautizaré apropiadamente acorde a los usos del lugar: ‘tacos y chingadas’ para el idioma y ‘tamales y enchiladas’ para la gastronomía. Umm… la verdad es los nombres son poco claros; ambos bien parecen cosas de comer 😛

Sección tacos y chingadas

Bien es sabido los distintos usos que a un mismo término del diccionario español se le da a ambos lados del charco. Aunque muchos son ya conocidos, intentaré hacer una selección escogida (i.e. esjodida) de algunos que no dejan de soprenderme:

  • En los aviones no se embarca, sino que los pasajeros los abordan. La verdad es que a puntito estuvimos de abordar el avión en Atlanta con rumbo a México DF, pues el desastre y la sobreventa de la compañía Delta Airlines bien que nos incitaba a ello. Pero no: finalmente sólo embarcamos.
  • A los profesores que pasean por el campus también se les aborda. En este caso para preguntar por cualquier cuestión académica de interés para el alumno que, afortunadamente, no lo hace al grito de “¡al abordaje!”
  • Las acciones formativas de la que son objeto los alumnos en la Universidad aquí se denominan de una forma quizá más apropiada con la naturaleza e idiosincrasia del estudiante de nuestros días. Estas acciones son aquí llamadas adiestramiento, a pesar de que por regla general los alumnos mexicanos son bastante más educados que sus homónimos españoles, quienes muchas veces sí que necesitarían de ese adiestramiento pero en su acepción española.
  • No hace falta decir que el verbo coger y todas las formas lingüísticas en él basadas, tanto verbos (escoger, recoger, acoger) como nombres (recogedor, acogedor) están completamente fuera de lugar en Latinoamérica. Pensad que la acepción más común es sinónimo de un verbo español que empieza por f y termina… bueno… en general suele terminar bien :))
  • Por las mañanas te aseas bajo una regadera. Umm… esto no le va a venir bien al nopal, que no necesita mucho de las regaderas para dar sus buenos frutos, los higos chumbos (tunas los llaman aquí).

Sección tamales y enchiladas

Hablando de higos chumbos, aún no me ha dado tiempo a probar mucha gastronomía del país. Bueno, sí que he probado algo, pero ya lo había hecho antes en España: los citados higos chumbos y la cochinita pibil. Que conste que estoy hablando de gastronomía y cosas de comer, no de verbos a evitar 😉 En cuanto tenga la ocasión, probaré los chapulines (insisto: sigo hablando de manjares culinarios; para evitar confusiones). Aunque en España sólo conozcamos al chapulín colorao, éste es realmente el nombre que reciben los congéneres de Flip, el de la abeja Maya.

Bueno, la verdad es que sólo llevo un par de días en Querétaro (sí, sí… donde el Buitre marcó los 4 goles a Dinamarca) y aún hay poco que contar. Parece que el próximo fin de semana visitaremos Guanajuato. En cuanto haga alguna visita os cuento más detalles.

¡Ándele!