Madrid – Cádiz

El pasado 17 de febrero volví a Cádiz, después de 20 años en Madrid. Esto no es realmente una estancia investigadora ni supone evento turístico-científico alguno, sino una vuelta a casa en toda regla, con sede en la Universidad de Cádiz, que ha acogido al hijo pródigo. Pero aunque este viaje no tenga visos ni fecha de retorno, como parte de la actividad desarrollada en este largo viaje será investigadora, y como el día a día y la particularidad de sus gentes espero que merezcan la pena relatar, reanudaré las crónicas del tulipán contando diversos avatares que acontezcan en mi lugar natal y su entorno.

He estado tentado de rebautizar las crónicas, pero le tengo cariño al tulipán. Así que bastará con pintarlo de azul y amarillo y suprimir la coletilla del subtítulo.

Con esto empiezo el relato de mis primeros días en Cádiz, que comienzan con un notable temporal de viento de levante tal cual entraba a la ciudad. Resulta que la alcaldesa se ha dedicado últimamente a engalanar la avenida con unos postes forrados de tela anunciando el próximo bicentenario de la constitución de 1812. Os preguntaréis ¿a qué avenida se refiere éste? Pues a la avenida, ¿cuál va a ser? Antes del soterramiento de la vía del tren en Cádiz, ésta era atravesada por una única avenida y sus calles adyacentes, hasta llegar al casco histórico, de calles estrechas y arrejuntadas donde llamar a alguna avenida sería una exageración digna de un gaditano 😉 Pues bien, no hacía falta decir qué avenida, aunque el ayuntamiento le pusiera distintos nombres según el tramo. Pero desde que en Cádiz tenemos metro (bueno, más bien centímetro), su lugar en superficie lo ocupa la avenida nueva. Así que tenemos la avenida y la avenida nueva. Podríamos haberlas llamado avenida 1 y avenida 2, pero así empezó Nueva York, y fíjate tú dónde ha llegao. No me quiero ni imaginar dónde habrían cabido en Cádiz las torres gemelas.

Volviendo a los postes de la alcaldesa y al temporal de levante, mi primera visión al entrar fue la utilidad dada por un gaditano de mediana edad para dichos postes: esconderse detrás para encender el cigarro. Desde el coche no fui capaz de distinguir si tuvo éxito en el intento, o si llegó a incendiar la tela del poste, pero ahí anduvo según el peligroso bamboleo de la tela estampada de logotipos municipales. Acabo de caer en la cuenta de que no estoy empadronado en Cádiz desde que la querida alcaldesa ejerce de tal, así que a partir de ahora me tendré que fijar mejor por qué la gente la aprecia aquí tanto, siendo el gaditano medio tan rojete y la alcaldesa tan… rubita? A ver si me sorprende. Bueno, algo sí que me sorprende: ¿cómo puñetas va tan bien peinada siempre con el viento que hace aquí?

El lunes comencé a ir por la Escuela. Aunque todavía no he empezado las clases, ando liado con papeleos y solicitudes de proyectos de investigación. Eso a lo que los profes universitarios dedicamos el 80% de nuestro tiempo, y que tan difícil nos resulta explicar a nuestras tías y abuelas cuando nos preguntan: “Pero…¿8 horas de clase?¿a la semana?¿sólo trabajas 8 horas a la semana?” Yo ya me he dado por vencido, y cuando me lo preguntan simplemente respondo: “Sí, ¡qué pasa!” Pa chulo yo, que vengo de Madrid. No es (en general) cierto, pero me costaría el 20% restante explicarlo. Os reproduzco algunas fotillos que tomo en el coche de camino a la Escuela.

Lo que veo a mi zurda al ir y a mi diestra al volver es el Atlántico a través de la playa de Cádiz y sus diversos nombres. La primera foto de arriba es un trozo del Campo del Sur, con la catedral al fondo. La segunda fue un día de viento, con las gaviotas revolucionadas cual Hitchcock de la Bahía. Una vez llego a la Escuela, no tengo plaza de aparcamiento (bueno, ni en la escuela ni en Cádiz en general; si hay alguien que haya visto una plaza libre en Cádiz alguna vez, que me avise 😉 Pero a cambio mirad en las fotos de abajo (pretendía ser una panorámica de dos fotos :P, pero me he comido un cacho del coche de enmedio) lo que se ve desde el parking que uso en una explanada junto al castillo de Santa Catalina.

Pero si hay algo en lo que noto la diferencia en estos días entre Madrid y Cádiz, es en ese lugar común insalvable para cualquier funcionario que se precie de serlo: ¡los desayunos! Y no por el tiempo invertido, que es algo más o menos estándar en toda la España funcionarial, sino por el sitio. No es lo mismo desayunar en la cafetería del edificio Savatini en Leganés, que eran unos antiguos cuarteles del ejército, que hacerlo en la plaza de San Francisco, en la terraza y con el solecito que se aprecia en la foto de abajo.

La figura humana que se afana en hincarle el diente a la tostada es un amigo mío que trabaja a 5′ andando y, gracias a movistar, puedo desayunar con él sin tener que planificar mucho cuándo, dónde y cómo quedamos. Aquí, al contrario que en los Países Bajos con que empezaron las crónicas, sencillamente, no se planifica. Punto pelota. Es uno de los secretos andaluces de la vida sana.

Hablando de desayunos y de vida sana, hoy he visto algo que me ha dejado sorprendido. Seguro que habéis visto alguna vez al típico camarero que medio se oculta detrás de la barra y se auto-sirve media caña de cerveza para aguantar el tirón. Pues bien, hoy he visto a uno hacer lo mismo… ¡con medio vaso de zumo de naranja! Dudo que esto sea típico de Cádiz, especialmente teniendo tan recientes los carnavales 😉 así que me ha sorprendido más que la peluca de la Teo.

El martes me acerqué por las cercanías de mi futuro lugar de trabajo, pues en 2010 aproximadamente nos trasladan a un edificio nuevo que están construyendo para la Escuela e Ingeniería, situado en el Campus del Río San Pedro, junto al parque natural de la bahía de Cádiz. Hoy he hecho esta foto con el móvil desde el coche. No ha salido muy bien por tal de no llevarme por delante a un señor con caña de pescar que caminaba por el borde de la carretera. Lo que se ve al fondo es el parque natural de la bahía de Cádiz. Cuando nos trasladen al Campus del Río San Pedro podré hacer uso del carril bici que se ve (para los veteranos de las crónicas del tulipán, podré hacer senderismo en bicicleta)

Con esto me despido por esta semana,
primera de mi nueva vida gaditana 🙂

Anuncios