Festival de Edimburgo

Después de un año casi sin viajar por mor de la Ciencia, retomo este blog con motivo de mi reciente viaje a un congreso en Edimburgo, coincidiendo con el fringe. De veras que no lo hice a propósito, que fue casualidad coincidir con el festival :-P. Es más, el alojamiento del día extra que me quedé para abaratar el billete de avión, casi me cuesta más que el propio billete. Pero vamos, la experiencia mereció la pena.

Como las crónicas del congreso son muy aburridas, centraré mi historia en lo sucedido en los alrededores del evento. Lo primero que hay que visitar en Edimburgo durante los días del festival es la Royal Mile, que es como si cogieran una calle medieval, la alargaran, la inclinaran, y la llenaran de todos los colgaos que inundan las calles de Cádiz durante el carnaval, cada uno haciendo su performance más o menos cómica. Muy bonito. Lástima la lluvia, aunque en general nos hizo muy buen tiempo, para ser Escocia. La milla real termina en el castillo, desde donde las vistas de la ciudad son impresionantes. Poco tiene que envidiar esta ciudad de muchas españolas, con todos mis respetos y admiración por Granada y Cáceres especialmente. Al la entrada del castillo tienen un monumento al verdadero Braveheart, que parece tener la cara más dura que el de Mel Gibson. Bueno, la cara y el resto, porque es de piedra.

Al día siguiente visité Calton Hill (que es lo que se ve al fondo en esta vista desde el castillo), otra colina donde tienen un monumento a Nelson con pinta de faro. Cobraban 6 pounds, así que no subí a visitar el fichoso farito. Ya nos robó bastante el almirante ;-P No sé si el fantasma de Nelson me leyó el pensamiento, pero el caso es que se puso a diluviar, como invitándonos a visitar su monumento. Ni cortos ni perezosos, no caímos en la tentación y reanudamos el periplo escocés abandonando el lugar.

Esa misma tarde visitamos la Roslin Chapel, que se ha hecho famosa por el libro de Dan Brown y el supuesto tesoro que oculta. Es muy pequeña, pero coqueta. Muy amenas las variadas historias de la guía, entre ellas la de la columna del aprendiz. También interesantes unos arcos adornados con figuras en forma de mazorcas de maíz (aunque yo diría que más bien son pimientos asados), cuando la capilla data de varios lustros anteriores al descubrimiento de América. Muy interesante para quienes gusten de leer sobre templarios, códigos da vinci y cosas por el estilo. Yo prefiero los pilares de la tierra, que es más terrenal y con menos ocultismo.

Al acabar el congreso fuimos en autobús a ver la isla de Cramond, que queda unida a la costa mediante un camino que se inunda con las mareas. Desafortunadamente, la marea estaba llena (i.e. alta, para los no gaditanos), por lo que no pudimos cruzar. Hacía un tiempo magnífico, así que cualquiera diría que la playita que quedaba al lado era del Caribe y no del Mar del Norte.

Eldía adicional que me quedé, una vez terminado el congreso, me apunté a un viaje organizado al Loch Ness. En principio venían a recogerme al sitio donde me hospedaba, pero perdí el bus por una confusión respecto al lugar exacto de recogida. Según parece la puerta del hotel no es la de la repección, sino la esquina más próxima. No sé, no sé… sólo habíamos dos apuntados a la excursión. Y la excursión donde me reubicaron, al Loch Lomond, estaba completita. Al final no me arrepentí, pues coincidí con el viaje con otros viajeron muy majos. Coincidía con un belga muy majo en todos los sitios donde paraba el autobús, y charlábamos tomando una cerveza o el lunch. Siempre nos preguntábamos: ¿a qué hora sale tu autobús? ¡qué casualidad! la misma que yo… Sí, resulta que ambos viajábamos en el mismo autobús, y no nos dimos cuenta hata la última parada :-S Un grupo de estudiantes españolas de idiomas, con sus historias de las “espais girls” (spanish girls), hicieron el viaje la mar de divertido. Y la mar de lluvioso, porque no paró en todo el día. Vamos, que intenté hacerle una foto al edificio del colegio de Harry Potter y parece que la sacó el capitán Cousteau.