Los preliminares del mundial

Hola a todos,

La semana pasada prometí contaros las peripecias ocurridas en Alemania con mi familia ‘internacional’. Vamos a ello. Antes de nada, comenzaré con un tema recurrente: el de la basura. Si ya en Maastricht tenía delito lo de la recogida semanal en bolsas especiales, lo de Attendorn en Alemania es de juzgado de guardia. Además de tener que pagar cada vecino el alquiler de sus propios contenedores de basura (uno orgánico, uno de papel, uno de latas/brik y otro de cosas no reciclables), éstos son individuales, y el camión de la basura dispone de una camarita por la que el conductor va comprobando si los contenedores al volcarse realmente contienen lo que deben. Y si no, multa al canto.Vamos, que si el pollo ve algo metálico que brilla en el contenedor de papel, ¡multa que te crió!. Así que ni se os ocurra tirar los restos de chorizo con el cordel y la chapa juntos (menos mal que estos alemanes sólo comen cosas acabadas en “wurst” que no llevan ni cordel ni chapa). Y las putenkroketen sobrantes no tiradlas en el orgánico, sino en el de “no reciclables”, que creo yo que van ahí. Al menos a mí me costó reciclarlas 😦

Otro detalle por el que nos diferenciamos los hispánicos de los germánicos se puede apreciar en la ventanilla de los bancos (Esto es anécdota de mi primo, no mía, pero me cede los derechos :-P). Resulta que cuando hacía ingresos en efectivo, el cajero le ponía siempre mala cara después de contar los billetes. Y además los contaba dos veces. Él creía que el cajero desconfiaba de él, y por eso tanta cuenta y tan mala cara. Algún tiempo más tarde se dió cuenta de que lo que el cajero realmente hacía en el primer conteo de billetes era…¡ordenarlos! Sí, sí… todos con la cara vista del euro para adelante, y orientados de izquierda a derecha. Y luego los contaba. Pues resulta que esto tiene que hacerlo el imponente, que si no los cajeros se mosquean.

Y, ¿qué os cuento del hijo de mi primo, ese pequeño teutón con sangre gaditano-siciliana? Me preguntaba un compañero francés qué cómo puede ser posible que de un español y de una italiana salga un alemán. La respuesta es sencilla: todo es posible con un gaditano y una siciliana de por medio 😐
Manuel (que así se llama mi primo segundo) entiende los tres idiomas, pero sólo se expresa en alemán. No le gusta el fútbol (para desgracia de su padre, que se queja amargamente de que a sus cuñados tampoco y así pierde la oportunidad de jugosas discusiones mundialistas: el codazo de Tassotti a Luis Enrique, la pifia de Julio Salinas, etc.). Hice todo lo posible por reorientar a Manuel por el buen camino futbolero y, aprovechando que ahora todo lo que ve en la tele tiene que ver con el Mundial de Alemania, me puse a jugar con él con una pelota de nivea. Tras unos minutos jugando con él en su cuarto, de repente coge la pelota con las manos y dice “pause, pause” y se sienta en una silla. Tras descansar un rato, de nuevo se incorpora al juego con energías renovadas. No sé cuánto tiempo pudo pasar antes de que el niño se sentara, pero para mi que tuvieron que ser 45 minutos, porque estos alemanes son así de rigurosos… El resultado del partido lo podéis adivinar: en cuartos me tuve que volver a casa 😦

Un abrazo,

Juanma.

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