Me gusta el fútbol

Hola a todos,

La semana pasada no pude escribir crónicas porque anduve un poco liado. Aunque esta semana estoy en las mismas, los acontecimientos recientes no pueden hacerse esperar y exigen unas crónicas inmediatas, así que a ello voy.

El fin de semana pasado estuve de viaje relámpago en Madrid, para una boda. Al volver el lunes por la mañana, recogí el coche en el parking de Schiphol y me dirigí a toda pastilla a Stuttgart, ¡a ver el partido de la selección contra Túnez! La historia de cómo conseguí la preciada entrada es larga, así que voy al grano. Acudir al partido me suponía 600 km en coche desde Amsterdam a Stuttgart, salir del estadio al terminar, y volver 400 y pico km hasta Maastricht. Fue un poco paliza, sobre todo porque llegué hacia las 5 de la mañana, pero la experiencia mereció la pena.

Todo fue dejar el coche en el aparcamiento, y cruzarme con Manolo el del bombo, el auténtico, camino del estadio. La gente le paraba para hacerse fotos, no le dejaba avanzar. El pobre tenía una cara de “aguanta, Manolo, aguanta… que ya queda menos pa la jubilación…” que daba pena. Unos metros más adelante, ya cerca del estadio, oigo a alguien que grita: “¡Emilio Butragueño! ¡Don Emilio Butragueño!”, mientras una multitud se iba aglutinando cámara en mano hacia un arriesgado Emilio Butragueño que estaba apostado junto a una entrada al estadio, congeniando con la afición y con unas cámaras de TV apagadas al lado. Todo un señor, aguantando el tipo. Una lástima que sea del Madrid.

Pero lo mejor fue ver todos los tópicos de España concentrados en un carnaval de personajes y disfraces alrededor y dentro del estadio. De una furgoneta bajo el lema de “Cantabria con la Selección” se bajaba un grupo de octogenarios vestidos de traje de luces como si de San Isidro se tratara. Era como ver a la cuadrilla del bombero-torero, pero la original, la fundada en 1928, ya algo creciditos. Y muchos más grupos vestidos de flamenca, de todos los personajes de una corrida, y de cualquier cosa roja y gualda con equilibrio suficiente para aguantar en la cabeza durante 90 minutos.

Tenían acotados los alrededores del estadio en un recinto con bares y bebidas, donde se citaban las múltiples charangas y grupos de coros y danzas regionales. Había representación de todas y cada una de las regiones españolas. Catalanes con la camiseta del Barça pero animando a España (estos son los que se tomaron vacaciones el día del Estatut). Valencianos un poco cocidos armando bulla a falta de tracas, etc. Un grupo de Benicarló rodeaba a dos ‘chinojaponeses’ que coreaban canciones de Manolo Escobar y Paquito el chocolatero, entre otras delicatesen musicales por el estilo. Más adelante, un grupo de no sé dónde coreaba el desagradable grito de batalla que ha elegido la afición española para este mundial: “¡A por ellos, oooé..!”, mientras se cruza con ellos un personaje bajito y panzón con la bufanda del Cádiz alrededor del cuello, tras lo cual el grito se transforma en el consabido “¡Ese Cádiz, oé!”. Cuando ya están todos relajados, después de tan deliciosos momentos corales, se cruzan un par de alemanas de buen ver camino de la grada, y el de la bufanda vuelve a la carga con un “¡A por ellas, oooé!”. Pura poesía.

Intentando alejarme de la pasión desatada, me acerco a tomar una cerveza y un bradwurst y me coloco cerca de la valla del recinto. En esto se acerca un tío grande con cuatro vasos de cervezas de a litro entre sus manos, camino de la valla, y las deja en el suelo a mi lado. Como sólo vendían bebidas dentro del recinto, había entrado a por ellas y ahora buscaba su entrada para que le dejaran salir (sí, sí, pedían entrada tanto para entrar como para salir. No sé por qué las llaman ‘entradas’, deberían llamarlas entrada/salida —bueno esto es un chiste informático así que corred un tupido velo). Al ver al tío de las cervezas, me acerco a intentar ayudarle y me dice con un acento vasco de la hos…: “Nada, nada, hombre. Si ya puedo yo con ellas…”. Vasco tenía que ser, para que le quepa tanta cerveza entre las manos. Al agacharse se le cae un billete de 20 euros del bolsillo y le aviso de ello. Al ver que yo era un tío honrao, me da las gracias y me dice sonriendo “bueno, bueno,.. si se cae es porque sobra!” Más que vasco, de Bilbao diría yo. Tras ponerse la entrada entre los dientes, intenta levantar de nuevo las cervezas y tira dos de ellas. No tardó ni 1 minuto en aparecer un chaval de la organización del mundial con un contenedor a la espalda a recoger los vasos y limpiar el suelo :-O

En el partido estuve rodeado de andaluces de Jaén (aceituneros altivos ;), otro del Atleti que no hacía más que meterse con la familia de Torres (acompaño en el sentimiento a la familia atlética teniendo un delantero así), y un asturiano que sólo soltó dos palabras en todo el partido: “sí que era claru”, tras inquirirle por un supuesto penalti a favor de España, y “me cagüen…” cuando Luis Aragonés sustituyó al ‘guaje’ Villa. Bueno, eso y dos cigarros que se fumó, que afortunadamente no eran ‘cigarros de la risa’.

La vuelta fue un poco más espesa, sobre todo por el atasco y las horas que eran. Parado en el coche en la cola de salida del aparcamiento, se para junto a la ventanilla una chica que, al ver la matrícula de mi coche, me pregunta: “¿H as venido desde Madrid pa ver el partido?” Y le respondo que sí, pero que no a propósito para el partido, sino que estoy trabajando en Holanda. “Pero, vienes de Madrid, ¿no?” Le repito que sí, pero que vine hace tiempo, que ahora estoy en Holanda… “Pero, la matrícula es de Madrid, ¿no vienes de Madrid?”. Todo oídos… 😦

Tras salir del atasco, cogí la autopista y de vuelta a casa. No sabéis lo que acojona que a la 1:00 de la mañana, yendo a 120 por la autopista, te adelante un coche a más de 200, como si tú fueras en triciclo. Y digo un coche porque supongo que eso era. No me dio tiempo ni a fijarme en la marca. Como diría Asterix, ¡están locos estos alemanes!

Un saludo y hasta la próxima.

Los preliminares del mundial

Hola a todos,

La semana pasada prometí contaros las peripecias ocurridas en Alemania con mi familia ‘internacional’. Vamos a ello. Antes de nada, comenzaré con un tema recurrente: el de la basura. Si ya en Maastricht tenía delito lo de la recogida semanal en bolsas especiales, lo de Attendorn en Alemania es de juzgado de guardia. Además de tener que pagar cada vecino el alquiler de sus propios contenedores de basura (uno orgánico, uno de papel, uno de latas/brik y otro de cosas no reciclables), éstos son individuales, y el camión de la basura dispone de una camarita por la que el conductor va comprobando si los contenedores al volcarse realmente contienen lo que deben. Y si no, multa al canto.Vamos, que si el pollo ve algo metálico que brilla en el contenedor de papel, ¡multa que te crió!. Así que ni se os ocurra tirar los restos de chorizo con el cordel y la chapa juntos (menos mal que estos alemanes sólo comen cosas acabadas en “wurst” que no llevan ni cordel ni chapa). Y las putenkroketen sobrantes no tiradlas en el orgánico, sino en el de “no reciclables”, que creo yo que van ahí. Al menos a mí me costó reciclarlas 😦

Otro detalle por el que nos diferenciamos los hispánicos de los germánicos se puede apreciar en la ventanilla de los bancos (Esto es anécdota de mi primo, no mía, pero me cede los derechos :-P). Resulta que cuando hacía ingresos en efectivo, el cajero le ponía siempre mala cara después de contar los billetes. Y además los contaba dos veces. Él creía que el cajero desconfiaba de él, y por eso tanta cuenta y tan mala cara. Algún tiempo más tarde se dió cuenta de que lo que el cajero realmente hacía en el primer conteo de billetes era…¡ordenarlos! Sí, sí… todos con la cara vista del euro para adelante, y orientados de izquierda a derecha. Y luego los contaba. Pues resulta que esto tiene que hacerlo el imponente, que si no los cajeros se mosquean.

Y, ¿qué os cuento del hijo de mi primo, ese pequeño teutón con sangre gaditano-siciliana? Me preguntaba un compañero francés qué cómo puede ser posible que de un español y de una italiana salga un alemán. La respuesta es sencilla: todo es posible con un gaditano y una siciliana de por medio 😐
Manuel (que así se llama mi primo segundo) entiende los tres idiomas, pero sólo se expresa en alemán. No le gusta el fútbol (para desgracia de su padre, que se queja amargamente de que a sus cuñados tampoco y así pierde la oportunidad de jugosas discusiones mundialistas: el codazo de Tassotti a Luis Enrique, la pifia de Julio Salinas, etc.). Hice todo lo posible por reorientar a Manuel por el buen camino futbolero y, aprovechando que ahora todo lo que ve en la tele tiene que ver con el Mundial de Alemania, me puse a jugar con él con una pelota de nivea. Tras unos minutos jugando con él en su cuarto, de repente coge la pelota con las manos y dice “pause, pause” y se sienta en una silla. Tras descansar un rato, de nuevo se incorpora al juego con energías renovadas. No sé cuánto tiempo pudo pasar antes de que el niño se sentara, pero para mi que tuvieron que ser 45 minutos, porque estos alemanes son así de rigurosos… El resultado del partido lo podéis adivinar: en cuartos me tuve que volver a casa 😦

Un abrazo,

Juanma.

¡Aquí también se trabaja, leche!

Antes de nada, agradeceros los numerosos mensajes de interés porque siga escribiendo estas crónicas. Al principio pensé en mandar sólo un par de ellas, pero como parece que os gustan (al menos en parte, que alguna crítica he recibido también 😉 al final me animé, me animé y aquí las tenéis.

Como en muchos mensajes recibidos se lee entre líneas que parece que me lo estoy pasando pipa y que aquí no se trabaja, me resarciré contando historias relativas a la mascota de la Expo 92.

Antes de nada, hay que darse cuenta de que eso de que los europeos trabajan más que los españoles es un mito. Eso sí, se organizan mejor. Aquí todo quisqui se larga las entre 16:00 y 17:00. Pero el tiempo que están trabajando, están trabajando de verdad. Aquí lo primero que se cae de la agenda cuando el tiempo no te cunde son los cafés. ¿Qué pensáis de un compañero/compañera que siempre dice que no a ese puñado de propuestas de café que suele haber en la oficina española típica a lo largo del día? “¡Qué tío/tía más raro/rara! Será que no quiere estar integrado/integrada…” (Bueno, abandono ya lo de la diferencia de género porque parezco Cándido Méndez) ¡Qué desagradable/desagradabla! (Lo siento, no me he podido resistir… 😉

Los españoles, como bien integrados que estamos con las costumbres de la zona, tampoco nos apuntamos a continuos cafés, pero además nos quedamos trabajando ‘a la holandesa’ y hasta que nos echa el vigilante. ¡Y eso que llegamos antes de las 9:00 y comemos en 1/2 hora como todos! La chica holandesa del despacho de enfrente nos dice que trabajamos mucho. ¡No te fastidia!

Para que os hagais una idea del tipo de enmarronamiento que cunde en esta cultura os traduzco el mensaje que envió hace poco la secretaria del director del departamento donde estoy haciendo mi labor:

“[El director] me ha pedido que planifique lunch-meetings semanales para estimular la comunicación entre los estudiantes de doctorado y sus supervisores. Estos tendrán lugar los lunes de 12.15h a 13.15h en la sala tal. Si deseas recoger la comida en la cafetería, dispones desde las 12:00 a las 12:15 para hacerlo. Por supuesto los otros colegas colaborando en el departamento están también invitados”

Eso de ‘colegas’ va por nosotros 😐
Vamos, que los lunes a la hora de la comida también se trabaja.
¡Y menuda organización la de la colega! ¿Alguien ha visto en España algo planificado a las y cuarto? Si en mi tierra decimos: “bueno, quedamos entre 12 y 12 y media”. Y luego la gente se presenta a la una.

Otra colega me ha explicado un nuevo significado para la palabra ‘marrón’. Resulta que estos lunch-meetings de trabajo suelen hacerse portando la comida en esas típicas bolsas marrones (brown bag) de papel de estraza. Sí, esas donde los americanos de las películas transportan las bebidas de la licorería a casa para poder bebérselas entre medias. Pues aquí las usan de otra manera. Digamos que para un holandés ‘pillar un marrón’ es menos divertido que para un yankee 😉

Bueno, dejo para otro día las historias de mi visita a Alemania la semana pasada, que esta semana he tenido mucho trabajo y ya no tengo cafés que suprimir 😉

Saludos!